Familiares de secuestrados exigen a Lenin Moreno actuar por liberación

Un mes antes de ser secuestrada Katty Velasco se recibió de bachiller

Amiguera, humilde, responsable, amorosa y extrovertida. Así describe Ana Velasco a su hermana Katty, de 20 años, quien fue secuestrada, junto con su pareja Óscar Villacís, por el Frente Oliver Sinisterra, liderado por Walter Arizala, alias Guacho, según las autoridades.

Ana indica que Katty nació y vivió su infancia con su madre en Santo Domingo de los Tsáchilas, pero para estudiar la secundaria se mudó a Guayaquil. “Ella fue a vivir a la casa de nuestro padre. Estudió en el colegio Alfonso Aguilar y se graduó recién el pasado 8 de marzo”, dice.

Katty Velasco Pinargote es la cuarta de siete hermanos. Y durante el tiempo que estuvo en Guayaquil la comunicación fue frecuente con su familia, dice Ana. “Nosotros siempre la visitábamos, de vacaciones ella venía acá (Santo Domingo), siempre hemos estado juntos, apoyándonos en todo”, señala.

Además, Ana indica que su hermana era una madre intachable. “Tiene una niña de 5 años, la bebe está actualmente con nosotros, ya le dijimos lo que está pasando con su madre, pero de forma tranquila para que tampoco se asuste”, expone.

Ana sostiene que la situación del secuestro ha afectado a su familia, pero en especial a su madre. “Desde que conocimos la noticia mi mami está delicada de salud, todos los días piensa en dónde está su hija. Por eso ya no recibe llamadas, yo estoy respondiendo por ella, quiero que esté tranquila”, cuenta.

También pide no difundir rumores. “Han tergiversado muchas cosas, por eso no queremos hablar con los medios. Toman fotos y nos graban sin consentimiento, sé que es parte de su trabajo, pero deben entender nuestro dolor”, dice.

Solicita al Gobierno realizar las gestiones para liberar a Katty. “Las autoridades no nos dan información, tememos por nuestra seguridad, pedimos al presidente que rescate a mi hermana”, ruega.

Óscar Villacís es el pintor que quiso probar su moto y hoy está cautivo

Dos días antes de viajar en su moto a Colombia, Óscar Efraín Villacís, de 24 años, tuvo una tarde familiar con primos y tíos, en la que compartió también con su novia, Katty Velasco. Luego, sus parientes los reconocieron en un video que el martes pasado difundió el Gobierno, indicando que habían sido secuestrados en la frontera.

Desde ese día la preocupación invadió sus hogares, en un barrio del sureste de Santo Domingo. “No podemos ya ni dormir pensando (en) que no podríamos volverlo a ver”, expone una prima que lo recuerda como juguetón y risueño.

“Estoy muy triste, no sé qué le pasará a mi nieto, la última vez que fue a mi casa (Cojimíes, Manabí) cocinamos juntos, le gustaba ayudarme”, cuenta la mujer, quien pidió a los pastores de su iglesia evangélica que pidan por él en sus oraciones.

Tenía debilidad por los zapatos deportivos negros. De su quincena como pintor solía reunir para comprarse los últimos modelos, cuenta su familia.

“A él le gustaban zapatos de marca y ropa buena, por eso viajaba siempre a Colombia”, dice su padre, Héctor, quien es diabético y tuvo que ser hospitalizado porque su salud desmejoró tras saber del secuestro.

Óscar no terminó el colegio. Se dedicó a trabajar como pintor, oficio que ejerció unos años en Orellana (Amazonía) hasta que volvió a Santo Domingo.

A los 20 años tuvo a su primer hijo y hace ocho meses a la segunda. “Plata que tenía daba a los bebes, hasta sabía ver por mí, siempre me preguntaba si tenía compradas las pastillas”, comenta el progenitor.

En el barrio, sus vecinos los recuerdan conduciendo su moto. Se la había comprado hace poco y como tenía pocos kilómetros recorridos quiso probarla en un viaje largo. Las hermanas y la madre de Óscar se mantienen en el anonimato. Según parientes, la Policía les habría indicado que no se expongan y no den entrevistas.

La familia pide que la gente continúe con las marchas y que se cumpla lo que dijo el viceministro, Andrés de la Vega, que tendrían seguridad permanente y ayuda psicológica.

“Si usted ve no hay ni un patrullero ni en la casa de los papás de mi primo ni donde la familia de la novia, nadie nos ayuda en esta crisis de nervios”, aseguran sus primos y tías.

Con información de El Universo y Republica Del Banano

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