La madre del ex vicepresidente de Ecuador Jorge Glas: “Quieren entregarmelo muerto”

Cuando hace año y medio Lenin Moreno llegó a la presidencia de Ecuador, pocos auguraban que dinamitaría tan rápido “la revolución ciudadana” de su antecesor y compañero de partido, Rafael Correa. Mientras parte del partido oficialista Alianza País ha acusado a Moreno de haber dado un drástico giro a la derecha, otros han aplaudido su cruzada anticorrupción de la que el ex vicepresidente Jorge Glas ha sido uno de los principales objetivos.

Glas, que fue vicepresidente con Correa entre 2013 y 2017, revalidó en mayo su mandato en las últimas elecciones y continuó en su cargo bajo la presidencia de Moreno. Era el único correísta que quedaba en el Gobierno y además ocupaba un cargo de máxima importancia. Tan solo tres meses después de haber sido reelegido, se vio envuelto en el escándalo de corrupción Odebrecht –ese que ha llevado a la cárcel al expresidente de Brasil Luiz Inàcio Lula da Silva–. A partir de ahí todo fue muy rápido: el presidente le retiró sus funciones en agosto, ordenaron contra él prisión preventiva en octubre y le condenaron a prisión en diciembre.

La familia de Glas se encuentra en España para pedir ayuda: sostienen que el juicio estuvo plagado de irregularidades y que él es es inocente. Pero sobre todo alertan de que el ex vicepresidente se encuentra en una situación extremamente delicada: lleva casi un mes en huelga de hambre en una cárcel de máxima seguridad que tiene grandes déficits en sus condiciones para los presos, según han constatado las organizaciones de Derechos Humanos. Su madre teme por su vida: “Quieren entregarmelo muerto”, manifiesta Norma Espinel en una conversación con Cuartopoder.es.

La acusación por corrupción

El calvario que está pasando esta familia comenzó antes de las elecciones, cuando comenzaban a aparecer filtraciones que le relacionaban al entonce vicepresidente con una red de sobornos. Glas llevaba algo de dos meses en el nuevo Gobierno de Lenin Moreno cuando publicó una carta de denuncia contra el presidente por aliarse con “personajes nefastos de la historia nacional” ligados al sector empresarial y de la banca. También le acusó de estar orquestando una persecución política a todo el Gobierno anterior: “¿acaso está preparando el terreno para perseguir a sus antiguos compañeros para saciar la sed de venganza de sus nuevos amigos”, preguntaba en su crítica misiva contra Moreno.

La misiva se publicó el día 2 de agosto de 2017. Al día siguiente la Fiscalía General del Estado abrió un expediente judicial por irregularidades en la adjudicación de un contrato petrolero en 2011 en el que estaba implicado Glas, quien entonces era ministro de Sectores Estratégicos. Ese mismo día Moreno le retiró las funciones y por la noche el diario brasileño ‘O Globo’ publicó unos documentos facilitados por el delator del caso Odebrecht José Conceiçao Dos Santos. Este empresario, que había sido director de la firma en Ecuador en esa época, afirmó que le había entregado a Glas 14 millones de dólares a cambio de contratos de obras públicas.

Glas sostuvo desde el primer momento que era inocente y que había una conspiración en Odebrecht para vengarse de él por haber expulsado a la empresa en el país en 2008. A finales de septiembre la Fiscalía presentó la declaración del empresario brasileño que incluía al tío de Glas, Ricardo Rivera, como intermediario de sus conversaciones. Unos días después se ordenó la prisión preventiva para ambos.

Reiterando su inocencia y convencido de poder demostrarla, el ex vicepresidente decidió entregarse. “Si fuera culpable habría huido, no conozco a ningún culpable en la historia que se haya entregado”, señala Norma. La familia y la defensa de Glas denuncian una serie de irregularidades en el proceso y también sostienen que las pruebas presentadas en su contra “no comprobaban crimen alguno”.

En diciembre la Corte Nacional de Justicia consideró que el exnúmero dos de Correa era el principal responsable de un delito de asociación ilícita, que había recibido una cantidad millonaria a cambio de conceder obras en infrastructura. Le condenaron a la pena máxima de seis años de prisión tanto a él, como a su tío. De los otros procesados tres recibieron la pena máxima por asociación ilícita, otros tres se beneficiaron de una rebaja del 80% por haber colaborado con la Justicia, uno fue condenado y cuatro se encuentran prófugos de las autoridades, entre ellos el excontralor general Carlos Pólit.

La Fiscalía excluyó del delito de asociación ilícita al delator del caso José Conceiçao Dos Santos y a otros tres exdirectivos brasileños de Odebrecht. Por otro lado, la defensa solicitó que se recusara a los jueces que ya habían participado en el proceso, aunque la petición fue desestimada. Son algunos de los indicios que, entre otras irregularidades, enumera la familia para sostener que el ex vicepresidente no tuvo un juicio justo.

El infierno de Lacatunga

Debido a la fuga del exsecretario de Comunicación de Correa Fernando Alvarado, también investigado por corrupción, a finales de octubre se trasladó a Glas a la cárcel de Lacatunga, una prisión de máxima seguridad. Es un lugar hostil, donde las peleas entre presos son frecuentes y los suministros de agua, de luz y la alimentación de los presos es deficitaria, según las organizaciones de Derechos Humanos. El exvicepresidente lleva casi un mes en huelga de hambre para protestar por su situación.

Para la madre de Glas lo más urgente es que le devuelvan a la prisión de Quito. Denuncia que le han registrado las visitas y prohíben sus comunicación con el exterior. “La prisión está al lado de un basurero y mi hijo tiene una enfermedad crónica que se llama espondilitis anquilosante y lo hace propenso a contraer enfermedades”, explica.

La semana pasada el ex vicepresidente ingresó en el hospital por el deterioro de su salud y, aunque los médicos que le atendieron informaron a los medios de que Glas se encontraba en buen estado, su familia y la defensa desconfían. Se les impidió el acceso al hospital. “Dijeron que estaba bien, ¿pero cómo va a encontrarse bien una persona que lleva 18 días sin comer?”, denuncia su madre.

La familia se encuentra en una situación desesperada. Han tocado muchas puertas, aunque pocas se han abierto. “Mi hijo ha sido reelegido y es vicepresidente de Ecuador. Todo lo han hecho para poner a dedo a quien ellos quieren. La familia vive en un desastre y yo en un calvario”, relata Norma. Mientras se encuentran a la espera de que organizaciones como Amnistía Internacional les responda a los trámites que han iniciado, han pedido ayuda a varios diputados del Congreso por medio de una carta en la que denuncian la vulneración de los derechos del ex vicepresidente. Confía en que fuera de su país puedan “encontrar ayuda”.

Fuente Cuarto Poder

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