#ArticuloBananero| ¡La historia no lo absolverá!

   Alentado con larga ovación de su audiencia, Robert De Niro no pudo mejor sintetizar el caudal de rechazo y denunciar contra la ineptitud y vergüenza que siente por Donald Trump, al pronunciar la frase que será etiquetada a su régimen: “¡fuck you, Trump!”, (¡vete a la mierda, Trump!). Justificó su abierta indignación diciendo, “pido disculpas por el comportamiento idiota de mi presidente”. Ese mismo rechazo y denuncia empiezan a despertar y a destilarse por las redes sociales contra el burdo mamotreto de tratar de vincular a Rafael Correa por el supuesto ‘secuestro’, que en realidad es deportación legal de un prófugo de la justicia a territorio ecuatoriano. 

   No es coincidencia que la judicialización de la política sea ahora la estrategia proterva tanto en Brasil y Argentina, como ahora en Ecuador, para debilitar a los enemigos políticos. Primero fueron contra Glas, con la prisión preventiva y posterior encarcelamiento y ahora es contra Correa, construyendo argucia tras argucia, hasta afianzarse en un enclenque algo. Por todo esto: señor Lenín Moreno, vete a la … ! 

Usted, siniestro  traidor del voto popular y psicópata mitómano tras del telón; del telón percutido, del yo no tomé tal decisión, del yo no prometí eso, del yo no sabía, del yo no quise ser presidente. En una palabra: impostor.


   En un Ecuador de significativos cambios estructurales, después de 10 años, ha dejado un territorio fértil para la venganza. Con la consigna de vengarse ahora o nunca, el Lawfare (law = ley, fare = guerra), guerra jurídica. Es el invento más nuevo y letal que se haya montado para el desprestigio del enemigo político. Consiste en la estrategia de utilizar “los agentes públicos como una forma de perseguir a aquellos que fueron estigmatizados como enemigos.” Es así que el poder de turno entra en el campo de la sospecha y del oscurantismo oprobioso. Si antes se necesitaba la fuerza militar para obtener el control del Estado, hoy en América Latina se necesita el poder judicial. Se trata de encontrar la figura jurídica para el supuesto delito y, por medio del engaño, crear falsas acusaciones. A la par, los medios de comunicación se encargarán de cambiar el parecer del imaginario social. Esto que está de moda ha aflorado en el Ecuador. De conseguirlo, cualquier frágil Estado de derecho estaría en peligro de desaparecer. 


   No hay duda, la persecución política contra el correismo está llegando a alturas que no solo arrasan contra las vidas de las víctimas sino también contra la estabilidad 

e institucionalidad de un país que nunca antes se caracterizó por el equilibrio de su democracia, ni de su estabilidad jurídica. En medio de la trifulca, del reparto, del caos constitucional, qué fácil es ‘gobernar’. Lo hará solo basta que cumpla con el caprichoso mejunje económico y político de los poderes fácticos. Todo aquel que intente desviarse del guión, tarde o temprano, será enjuiciado. Por lo tanto, ahora resulta fácil avizorar el resultado de las consignas de humillar y hacer desaparecer al enemigo, inhabilitándolo políticamente para siempre. ¡Qué precedente se está dejando como escarmiento!

   La Fiscalía, al servicio del poder del dedo, será la que libere a Barrabás y condene 

al inocente. Lo mismo se hace con las personas calificadas como amigos de 

Correa. Tan embelesados andan con su poder que se olvidan que serán medidos con la misma vara. Y en la plaza central de cada pueblo, con el mismo dedo alzado que Moreno apuntó a Trujillo; y el dedo de Trujillo que apuntó a Pérez, diremos pido castigo.

                “ … Para el verdugo que mandó esta muerte, pido castigo. 

                  Para el traidor que ascendió sobre el crimen, pido castigo.

                  Para el que dio la orden de agonía, pido castigo. 

                  Para los que defendieron este crimen, pido castigo”. (Neruda). 


   Ojalá, antes que sea tarde, podamos entender que la vulnerabilidad de la democracia y de la Constitución son asuntos que merecen alternativas que prioricen el bien del país, más allá de cualquier posición ideológica que profesemos. De lo contrario, el daño sería irreparable. Si se desiste, los días estarían contados. El futuro del gobernante estaría ya escrito. Él mismo se encargaría de cumplir con su defenestración. ¡La historia no lo absolverá!

Luis Alfredo Castillo

Prensa República Del Banano

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