#ArticuloBananero| “Alicia del país invisible”

   Las palabras bonachonas del señor presidente lo dicen todo. Para él solo le basta comer un arroz con huevo para estar feliz. Incluso, al hacerlo, ya muy suelto de huesos, duerme tranquilo al punto que le “importa un bledo” el país. Es una frase lapidaria para un hombre de a pie, pero para un presidente de 17 millones de ecuatorianos, no hace más que exhibir su repetida exigua cautela al desbordarse con tal humildad fingida. ¿No será que debido a sus habituales tropiezos está contando los días para “largarse” de su cargo que “nunca lo quiso”? ¿O, porque a la hora de gobernar y articular su visión erudita se enmudece con el aparatoso e irresponsable “no lo sé”?
   ¿O, será que el señor presidente vive en su mundo idílico? Como la memoria es frágil y como el ecuatoriano por lo general no lee para obtener criterio crítico formado a partir de su propio análisis, le es fácil crear una realidad que va en contra de lo que la historia realmente evidencia. Ya empezamos a ver cómo se va asentando en la opinión pública que el Ecuador era un país en el que vivíamos mejor. Es decir, en un romántico análisis el país se constituía en casi una citadel del buen vivir.  Por obra y gracia de su historia y el hacer político, todo funcionaba bien. Pero, ¿siempre fue así? ¿Para quién?
   Tal es el hechizo invisible al que hasta nos quieren hacer regresar, a hacernos repatriar a aquel Ecuador de antes del 2006. Nos quieren hacer creer que los pobres y los ricos convivían en armonía, cada cual haciendo lo que el destino le había legado, cada cual en su determinada función desempeñándose de mil maravillas. Incluso nos quieren hacer creer que el cruce de clases sociales era algo de envidiar. Lejos….muy lejos…quedaba la lucha de clases sociales. Hasta nos quieren hacer creer que los medios privados, por su parte, informaban con apego estricto sobre la verdad y que la deontología guiaba la misión de siempre ser libres e independientes.  Era el cuarto poder, ¿era la voz de los indefensos ante los abusos de la burocracia y de los políticos de turno? Entonces, ¿a qué se dio el éxodo de millones de ecuatorianos? ¿ No era más que un flujo caprichoso de noveleros que se aprovechaban del momento para darse una vuelta por Europa, incluso dejando en vilo su condición económica? ¿Los hospitales acogían a los enfermos sin temor alguno porque encontrarían medicina, junto al sin par cuidado del equipo médico? Y, que ¿solo era cuestión de tiempo para que el enfermo convaleciera? Además… aquellas carreteras, flamantes pistas, con señalización vertical y horizontal, plácidamente incitaban a hacer turismo … y las transacciones comerciales hacían su travesía, de norte a sur, de este a oeste, con la brevedad de países desarrollados, ¿no?. ¿Y las escuelas con nueva infraestructura? Estructura que prometía fuerza laboral inagotable y de eficiente calidad en sus estudiantes ¿no? Ese país… en el que la democracia fluía como una gran máquina bien equilibrada, bien aceitada, excepto el pequeño tropiezo de tener siete presidentes en diez años. Ese país en el que la corrupción, aunque sí admiten por el peso de la naturaleza humana, existía, pero que nunca llegó a la proporción en la que estamos inundados. ¡Y que la justicia, ni de qué hablar! ¡Todo era un crisol, referencia latinoamericana! Bienvenidos al mundo de Alicia del país invisible.
   De pronto, todo este mundo se desmoronó. Un grupo de avezados forajidos frenó este encanto. Se hizo lo que nunca se perdonaría, ni se podría permitir que haya la mínima posibilidad de su regreso. Por tanto, la tarea impostergable era la erradicación del correismo, borrando, desvirtuando lo logrado. Pero eso ya es una tarea mucho más difícil. Las obras hablan por sí mismas. El tiempo dará la perspectiva para que incluso los contrarios digan, “no comulgaba con el gobierno anterior, pero al comparar con este gobierno, el anterior era mucho mejor”. Aunque para mis ojos, que recién habían recorrido las carreteras europeas, parecía que el país finalmente empezaba a cimentar los peldaños básicos que lo haría despegar para alcanzar mayor distribución de la riqueza y desarrollo debido a los cambios estructurales, bien en lo económico como en lo político, social y cultural.
   En la medida que nos engatusan, de manera súbita y caprichosa, mayor es el terreno fértil para que los que perdieron en las urnas implementen programas de gobierno que no reflejan la voluntad de los votantes. Estos programas, lejos de continuar los logros del régimen anterior, terminan siendo apropiados por las mentes que no reflexionan, ni se dignan a hacer un examen más riguroso de la historia. Parece que la persuasión de los que defienden sus parcelas de poder, encarrilan a la gente a tomar decisiones que le son contrarias a su interés.
Luis Alfredo Castillo
Prensa República Del Banano
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