#ArticuloBananero| La Trampa

La trampa, a través del orquestado juego sucio, ha sido y es la única forma que la derecha ecuatoriana ha podido recuperar el poder perdido en la última década. Su punta de lanza, el mal llamado ‘Lenín’ Moreno, está siendo usado como el mítico caballo de Troya. Ante la avalancha de victorias electorales consecutivas, esa era la única opción de los opositores del cambio social que se gestaba. 

   Dentro del vientre del caballo venían los ‘Odiseos’, los ‘Ulises’ cuánticos: los Nebot, los Lassos y, para que dé variedad y soltura al llamado diálogo, los Bucaram. El primero por amor al resbaloso poder presidencial, el segundo por ahondar más su bolsillo y el tercero para el relajo, el insulto y el robo. Y así, una vez pactado el sainete, vemos desdoblarse impúdicamente, arrasando todo indicio de débil institucionalidad para entronar otra a DEDO. Todas las instancias de control están en manos de improvisados, de encargados a hacer el daño y así asegurarse el ansiado puestito, porque si se tratara de méritos hay prolijas dudas de que hubiesen sido tomados en cuenta. 


   Hemos retrocedido. Empezamos a comportarnos y a ser gobernados como lo éramos en ese aciago pasado del siglo XX. Justamente ahora cuando creíamos que finalmente habíamos dejado atrás el tutelaje parasitario de las élites. Creíamos que ya no habrían más oídos para la Iglesia glotona, para los generales rapaces de turno, para el merengue de caprichos impuestos por el imperio del norte, para las palabras sesgadas y definidas por los que escriben la historia oficial. Creíamos que atrás también quedaban los que configuraban la opinión pública a través de mentiras repetidas, los ingenieros sociales que diseñaban nuestras aspiraciones y nuestros infortunios. 

   Más ahora, los que tarareaban a garganta suelta, canciones revolucionarias del Che,  cínicamente ‘iluminados’, hoy los oportunistas se rasgan las vestiduras acusando a sus ex coidearios de autoritarios. Ahora, ellos mismos son los que impiden, como dé lugar, a que nos constituyamos como esa nación resuelta a forjar una nueva sociedad de derechos y responsabilidades. Este proyecto nacional que ya empezaba a despuntar fue el que burdamente fue atropellado por medio de la trampa. 

   Hemos retrocedido porque lo que se propone ahora es seguir con la externalización bajo la cual los poderes fácticos determinan nuestra forma de vida.  Lo estamos presenciando, que en vez del mérito, hoy cunde la dedocracia, las prácticas retardatarias del reparto, porque bien saben de que es ahora … o nunca.

   ¿Qué permitió para que esto ocurra así. ¿Cómo es que tan fácilmente se puede desbaratar el andamiaje institucional en menos de un año y convertir a la función judicial del Estado en instrumento de venganza? Aparte de las protestas contra el régimen de Moreno del 5 de julio, que en sí es un aviso ominoso, el descontento público que develan las encuestas a nivel nacional ha sido paciente … demasiado … paciente. 

   ¿O es que el ecuatoriano prefiere delegar la autoridad a los rufianes que han representado a los poderes que nos llevaron a la pobreza, a la injusticia, al abandono del Estado? Es decir, no hemos madurado lo suficiente para defender y seguir determinados abriendo camino que garantice la ejecución y el destino como nación que quisiéramos tener. Nos comportamos como el joven, que dada la responsabilidad de tomar decisiones propias, porque es difícil y tiene a alguien quien piense por él, se niega a crecer y a ser responsable. 

   ¿O hay algo más pernicioso? Según Michel Foucault, filósofo de la radiografía del poder, vivimos bajo un permanente deseo destructivo en nosotros. Foucault pondera que “el adversario estratégico es el fascismo … el fascismo en todos nosotros, en nuestra cabeza y en nuestro comportamiento diario, el fascismo que nos hace amar el poder, desear la misma cosa que nos domina y nos explota”. En otras palabras, tenemos la tendencia de terminar mordiendo la mano que nos dio de comer.

   O … ¿será sólo cuestión de tiempo, de ser paciente porque no hay duda que la militancia despertará y el ecuatoriano podrá ver la diferencia entre la década pasada y la ignominia del presente?  O esperemos que el incisivo análisis de Simón Bolívar aún siga vigente: “El velo se ha rasgado, ya hemos visto la luz y se nos quiere volver a las tinieblas, se han roto las cadenas; ya hemos sido libres y nuestros enemigos pretenden de nuevo esclavizarnos”.
Luis Alfredo Castillo
Prensa República Del Banano
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