#ArticuloBananero| El Migrante

   Está de moda ser irrespetuoso con la dignidad del prójimo. Sea en el Ecuador contra venezolanos, colombianos, peruanos o cubanos; sea en Europa contra las olas de refugiados del Africa y del Medio Oriente, y hasta contra nuestros migrantes obligados a salir del Ecuador; o sea en EE.UU. contra los del sur global, porque según la geopolítica de los gobernantes ‘iluminados’ somos igualmente dañados: violadores, ladrones, drogadictos, criminales … Entre más se denigre y se la deshumanice a la persona, mayor es el convencimiento de que los genes blancos de los agresores son superiores. 

   La xenofobia ya no sorprende.  A partir de la política de descalificación contra los nuevos judíos del momento, los latinos de Donald Trump, la diatriba contra los latinoamericanos se ha intensificado, con el peligro de que una mentira repetida se convierta en un discurso normalizado. Así fue como se normalizaron tiempo atrás las atrocidades de segregación racial cometidas por la ley Jim Crow (1887-1965) o como, se recuerda, la injusticia de la Ley de Exclusión de Chinos (1882).

   Ahora está de moda la descalificación del Otro, el migrante, nosotros. Pero tampoco es reciente. La aceptación del migrante siempre ha pasado por el tamiz de la aceptación de la hegemonía dominante, para poder tener la oportunidad de ser tomados en cuenta. Este desafió nos ha hecho ir más allá de lo requerido para descartar cualquier sospecha. Sospechas de ver al Otro como un ente colonial, ignorante, descalificado, refugiado, de dudosa identidad, de alma vacía, deshonesto y violento; de ser una cosa, un “latin lover”, una herramienta al servicio de los intereses del patrón. 

   ¡Qué lejos estamos de los valores que servían como nuestra identidad: desde el respeto al vecino del barrio hasta el forastero que con su presencia nos llamaba a invocar el llamado ético de socorrer al prójimo. La identidad del cristiano no puede desatender al llamado del mismo Jesús. Él nos  enseña a albergar al prójimo, al extranjero, precisamente, en el hogar de uno. Cerrar las puertas o recibir al foráneo para ultrajarlo es pecado capital. Es un llamado de Dios para hermanarnos. Nos comanda a vernos en los ojos del otro: del forastero. Es la prueba: la de tratarnos con respeto, con buena voluntad, con actitud vivificante, que dignifique al prójimo. Solo ahí podremos acudir a Dios y solo ahí podremos decir que hemos vivido una vida plena, con paz, libres de pesos materiales. Ese fue el pacto con Abraham y con Moises.

   El Código de Hammurabi, que hace 3 mil 700 años ya estipulaba y guiaba como punto de referencia ética nuestro deber de albergar y amparar al extranjero en nuestra casa, también ha caído en el olvido. “He hecho justicia con el pobre, la viuda, el huérfano, el extranjero”. Igualmente nos interpelan nuestros libros sagrados judeocristianos, cuya guía nos aleccionan que “Al extranjero no maltratarás ni oprimirás, porque extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto (Éxodo 22:21)”. 

   Dichos preceptos ya no nos rigen.  Como consecuencia, hoy, con la nueva ola de discriminación contra  los indocumentados, se están deportando a padres y madres de familia, dejando atrás una estela de desgarramiento, de dolor, de desesperanza, declarándolos inservibles. Todo esto está pasando en medio de nuestro silencio. ¡Nos hemos deshumanizado!

   Más allá de profesar la fe que nos identifica, son los valores que nos anclan en una realidad para de ella forjar un comportamiento. Sin ellos nuestro discurso sería malsonante y vacío como: “Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe (1 Corintios 13:1)”.

   Acaso no nos damos cuenta de que en este mundo globalizado, en donde la mercancía y la movilidad humana se acrecienta cada día, seremos tratados como ahora lo estamos permitiendo. Y pensar … que hay hermanos, padres, tías, madres y amigas que siendo ultrajadas y vistos como indeseados, estamos haciendo lo mismo a otros hermanos dentro de nuestra frontera.

Luis Alfredo Castillo

Prensa República Del Banano

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