#ArticuloBananero| Es hora de bajarse de la camioneta

    El resentimiento social se prolifera. El rumor y la ira sintetizada en los carteles y en los alzados puños de protesta anuncian, desde Carchi a Macará, que las calles están por reventar. Los voceros del Estado apresuran el gran atraco, porque las horas les están contadas para la fuga deshonrosa. Los melindrosos de ayer también fijan el ojo en la camioneta arribista de la partidocracia. Es la hora de rendir cuentas. ¡A las calles! Ya hemos digerido la traición: el pacto del hablantín del diálogo con el bigotón.

   Cabizbajos se los escucha en cada palabra morderse la lengua y arrepentidos del arrebato declaran que el innombrable de la silla faltó a su palabra. El oportunismo los cegó, no pensaron que las cosas cambiarían. Por el alarde que hacían daban a conocer que después de la larga década de espera finalmente posicionarían el modelo capitalista como el único camino triunfante a seguir, haciendo eco del llamado “fin de la historia”. Su entusiasmo pregonaba de que el correismo estaba enterrado.

    A unos, la apuesta les dio resultado. De la noche a la mañana se vieron envestidos de poder, dado que entre más alababan al salvador de la democracia y más denostaban a la mano que les dio de comer, mayor el adulo, mayor el aplauso de complacencia gratuita. El barómetro de poder era medido por la necedad de crear causas chuecas para borrar en el imaginario social el acierto del expresidente que no vino a hacer demagogia, sino que vino a recuperar la esperanza. 

   Otros no tuvieron igual suerte. Andan preocupados, apesadumbrados, porque no los tomaron en cuenta a la hora del reparto. No tienen ni oro ni voz. Sea por no ser de cuna o sea por racismo, la traición les llegó. Ya no son útiles. Lejos están de los días cuando los medios les daban espacio ilimitado. La gente no olvida y los ha identificado. Cada tuit que hacen, cada respiro de vida en la palestra política, el rechazo se expresa sin demora alguna. 

   Tenemos una dispersa gama de desencantados: ministros, prefectos, eternos líderes sindicales y la gama de variotintos denunciólogos.  Unos con nombre que van de la p de … Paez y termina con la m de … medios. A estos, no les permitiremos que al bajarse de la camioneta dicten clase de ética y regresen disfrazados de salvadores de la patria. 

   Cuando llegó la hora de desbaratar al país, se desgañitaban pidiendo el voto por el Sí. Viene a la mente un tuit tímido y moribundo de uno de la izquierda pesetera quien daba aviso del entramado de una nueva patraña. Ahora se lucen como los abanderados de la patria y, en medio de un brote espasmódico de odio, pontifican  a su rebaño a organizarse “desde pluralidades rebeldes en sus colores, sin permitir que el CORREISMO, RESPONSABLE de la crisis, se aproveche”. 

   El apuro y la angustia los delata. Pero el pueblo recuerda y les dice “de la camioneta nadie se baja”. ¡Qué audacia! ¡Que manera de fragmentar su convicción! ¡Qué manera de querer sacar partido en cualquier situación.

Luis Alfredo Castillo
Prensa República Del Banano

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