#ArticuloBananero| Las palabras incendiarias 

  El discurso de odio tiene sus propios pies. En el clima político, las palabras incendiarias se convierten en agitación social, en indignación moral para, por medio de las plataformas sociales, desembocar en actos criminales, que a veces por suerte se quedan en el intento. Vienen a la mente dos ejemplos.
  El primero: los 14 paquetes explosivos enviados con dedicatoria de destrucción a los enemigos de Donal Trump en los Estados Unidos. El crimen no se materializó. El segundo: en el Ecuador, las palabras de odio, de culpar a otros para justificar la ineptitud, han calado en el desborde violento de una turba de inconformes de la seguridad ecuatoriana para terminar, esta vez sí, con el linchamiento de tres seres humanos en la Unidad de Policía Comunitaria de Posorja. 
  Eran seres humanos que deberían haber sido protegidos por los guardianes de la seguridad pública. Eso no ocurrió. El pacto social del Estado con el ciudadano se fracturó, si entendemos que la principal función del Estado es la de proteger a los ciudadanos. 
  Se fracturó, anunciando de forma premonitoria futuros resquebrajamientos sociales. Basta con echar un ligero vistazo al rosario de sucesos que han producido estupor y en donde el régimen vigente tiene protagonismo que, al parecer, tiende a su propia autodestrucción. 
  En Mascarilla, Imbabura, vemos cómo un ciudadano, ejerciendo su derecho a disentir, es friamente ejecutado por la policía nacional con un disparo por la espalda y muere tendido en la calle sin el amparo de la ley. 
  Vemos a arroceros frustrados, desperdigando arroz con valor de pérdida por las carreteras, simbolizando el desamparo institucional del Estado. 

   Vemos a los voceros del ejecutivo, como en las dictaduras, transgredir la independencia del Poder Judicial y anunciar, sin más, la cacería de brujas contra los altos y medios funcionarios del régimen anterior. Bienvenido el macartismo. Amén al Estado de derecho. Amén a la democracia. Al menos así está estampado en la página frontal del Diario Expreso del 25 de octubre de 2018. 
  Más reciente, vemos al intachable periodista, Xavier Lasso, renunciar y desnudar públicamente el contubernio de los medios públicos con los privados. La tarea sería de hacerlos desaparecer del debate político y, de esta forma, allanar la hegemonía de los medios privados y, así,  moldear la opinión pública, sin tener en el inmediato horizonte contrapuesta alguna. 
  Mientras tanto, el robo flagrante de débitos indebidos de cientos de millones por la banca y por accionistas con nombre y apellido, ahora ex asesores del Estado, es callado por los contumaces denunciólogos, haciendo piruetas desencajadas para decir esta boca no es mía. 
  Y como si esto fuese poco, vemos a Abdalá Bucaram, el enemigo político, ahora sin importarle los fantasmas coloniales, pasearse en carpeta roja por Carondelet, después de haber lanzado escupitajos venenosos contra Lenín Moreno.
  Y… vemos, no faltaba más, al señor presidente, dejando al lado las promesas electorales, orquestando el show, creando esperpentos, toreando con la idea de que pronto dejará el cargo, o lanzando bolas de humo para distraer que los incautos sintonicen uno tras otro acto público de carnicería deshonrosa. ¡Ah!, si solo existiese otro Alfred Hitchcock, habría mucho material de odio para instalar el sainete macabro.
Luis Alfredo Castillo
Prensa República Del Banano
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