#ArticuloBananero| De Presidente a recadero

   Finalmente la careta se le bajó a este presidente. Queda claro que el 2 de abril de 2017, el pueblo ecuatoriano sin saberlo dio el mandato presidencial a Lenín Moreno para que éste a la vez ceda el poder a Guillermo Lasso y Jaime Nebot. Después de ya casi dos años, no tenemos duda de quién está detrás de la conducción del país. La burla contra los mandantes es tan pedestre que se lo hace con justificativos cantinflescos. 

   Por un lado, el presidente admite, ya sin vergüenza alguna, que su gobierno, contrario al plan por el cual fue elegido, se ha caracterizado por la transición de autoridades. Esto se traduce en que ha sido ineficaz en el compromiso de cargos de responsabilidad; ha debilitado la institucionalidad en la gestión pública y ha sometido a persecución política a rajatabla contra sus ex amigos correístas. En esto sí ha sido expedito. Por el otro lado, con tono desafiante y de quemeimportismo, declara que es un gobierno que trabaja al ritmo de la ‘derecha productiva’ pero que eficazmente ‘distribuye’ la riqueza por la izquierda. Son divagaciones de un falso ‘socialista’. Puesto que es un camino ya andado, no logrará ni producción ni distribución, pero sí más riqueza para sus patrones.

   Es un gobierno lejano que no se parece en nada al que aparentó ser cuando pidió los votos. Es un gobierno que no tiene legitimidad, si se entiende que esta depende de la voluntad del electorado. Es claro que el mandato dado no fue para que se constituyera un gobierno transitorio. Traición similar ocurrió con Lucio Gutiérrez cuando este se encaramó a la presidencia con un discurso de izquierda, para luego gobernar por la derecha. Bien sabemos el fin que tuvo el ingrato.

   Ahora nos basta ver que con un tuit de Guillermo Lasso se hace o se deshace sin demora, entre otras cosas, tanto la propuesta de coronar al vicepresidente de su agrado como la nueva configuración de la política exterior. Más claro, aquel en quien la voluntad popular no confió, está en control de la Nación sin haber sido elegido.
¡Qué pena que solo ahora sabemos que hubo la intención de instalar un gobierno transitorio, de izquierda a derecha! De lo contrario, hubiésemos ahorrado tiempo y hubiésemos designado directamente a la presidencia al candidato perdedor.

   Lenín Moreno pasó de presidente a recadero. ¡Qué lejos quedó el anhelo de que fuera un verdadero estadista! El laberinto del diálogo abierto encarceló su discurso político y tiró a la borda el plan de gobierno prometido. Y … el poder del Ejecutivo, enredado en nimiedades, se desaparece.

   Se busca, se disgrega y se analiza algún rastro propio y edificante de su mandato y no se encuentra nada, que no sea solo infamia. La síntesis del encargo presidencial no es haber sumado, sino restado. Restado en destruir a un movimiento político que ganó 14 elecciones consecutivas; restado en los derechos constitucionales y en la protección de nuestra Constitución; restado en hacer volver a las prácticas del reparto grosero y del tráfico de influencias; restado en la seguridad ciudadana y en el bien colectivo.

   ¡Qué lejos le quedó el carisma de un verdadero estadista! Su paso por la presidencia será como el recuerdo y rechazo al que tanto Judas como los de su ralea han sido relegados. Así como las obras son amores, las heridas de un pueblo traicionado reducirán su presencia a la posteridad de un olvidado escombro. ¿Qué quiso hacer? ¿Basado en qué conocimiento? ¿En qué modelo exitoso encaminó su autodestrucción?

Luis Alfredo Castillo 

Prensa Republica Del Banano

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