#ArticuloBananero| Ecuador se viste de luto

Ecuador de duelo: una madre y su niño asesinados dejando a dos más huérfanos. A ocho metros de distancia, a ocho metros de vida, la Policía Nacional, representante del Estado ecuatoriano, dejó desamparada ante el eminente peligro a la joven Diana de 22 años, embarazada y madre de dos niños más. Igual de desamparados quedaron los tres periodistas del diario El Comercio; igualmente desamparados quedaron la pareja de secuestrados en la frontera de Colombia; así como desamparados quedaron las victimas de Mascarilla y de Posorja. No importa cómo se narren estos aciagos hechos, después de todo, el Estado ha dejado desamparados a ciudadanos que supuestamente deberían estar bajo su protección. Fallaron… y las autoridades de turno lo saben. 

   No habrán debates ni excusas tontas y gratuitas que borren el hecho de que la mujer ecuatoriana se sienta desprotegida. Después de los hechos, la ministra del Interior, María Paula Romo, impotente ante el crimen, acepta que “la muerte de Diana debió ser evitada”. Debió, pero en la hora decisiva no lo hicieron. Así, este triste acto macabro nos da una vista global de nuestra cotidianidad. Nos revela que aún estamos sufriendo los rezagos del machismo anacrónico y violento a pesar de los avances logrados en la última mitad del siglo XX. 

   Pero porque debería sorprendernos si el mismísimo asesor del presidente de la República, Santiago Cuesta, hace comentarios o evaluaciones misantrópicas. No hace mucho lanzó un exabrupto violento en un tuit: “te pareces al grupo de la gata Flora. Si te lo ponen gritas, si te lo sacan lloras. No hay medida que te alcance”. Así va este funcionario público ejemplificando el sentido de convivencia entre ciudadanos respetuosos y civilizados. Esta actitud, al magnificarla a nivel de sociedad, es grosera y agresiva. Así plasma este gobierno el sello del buen vivir. Más aún cuando el presidente hace uso del mismo estilo de persecución contra correístas, ahora lo hace con xenofobia contra todo venezolano.

   Desde tiempos inmemorables, la mujer ha sido relegada a la desigualdad en ser el “segundo sexo”. Ha sido un ente social de segunda categoría, sin voz propia, al amparo temperamental de la voluntad patriarcal del “hombre de la casa”. En esta atmósfera, el intento de estudiar, de participar en un entorno económico o político se convierte en una amenaza. Amenazas que también se repiten a diario dentro de un hogar. Veamos, pues, a un caso real sufrido por una mujer, pero representativo para el Ecuador entero.
   El puñetazo que el tipejo dio en la pared también se plasmó en la mente de su esposa. Con el ojo hinchado y con la niña en sus brazos, ambas lloraban desconcertadas. No era la primera vez. No sintió el dolor físico, pero sí el anuncio de su irrevocable separación. Se arrepentía de haberse dejado llevar por “la hombría” de su esposo. Les había prometido de que nada les faltaría. Se arrepentía de ser solamente madre y ama de casa, sin opción de independencia. Siempre había insistido en ser una profesional. En vano fue su afán de rescatar su hogar, en tratar de resucitar en él esa mínima capacidad de amar, que de vez en cuando la ternura lo embargaba, para luego desvanecer. El amor jurado se desencantó y se deshizo; y  la vida de la niña … se cubrió del manto de incertidumbre.

   Es hora ya de no permitirnos ver a la mujer como hemos sido instruidos,  condicionados a concebirla con un carácter determinado, como instrumento, como un útero, con cualidades  sensuales, socialmente decorativas o como la abnegada madre trabajando laboriosamente de sol a sol. Es hora de entender que la mujer como persona es igual al hombre y es la esencial compañera de trabajo para lograr cumplir con las necesidades del hogar. 

   Ya es hora, ya es 2019, nos estamos perjudicando. Ya es tiempo de desencasillarnos de inhabilitantes mitos culturales que hemos tejido contra la mujer. Ya es hora de ver a la mujer en todo su resplandor, lejos de machismos sin sentido, no como un problema contradictorio, cuando es todo lo contrario, pero sí como la compañera que nos ayudará a enriquecer la vida.

Luis Alfredo Castillo 

Prensa Republica Del Banano

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