#ArticuloBananero| Los disfraces de los lacayos

Los lacayos viven en medio de nuestra cotidianidad con diferente disfraz y diferente misión. Vienen, entre otros, como periodistas que se auto califican de imparciales e independientes o como ideólogos de pasarela. Él o ella no tienen lealtad fija, tampoco  patria, pero lo aparentan. Su eje: intereses personales. Unos son más serviles que otros. Los más abiertos, cuando llega el momento propicio, exponen su rapacería de jueces y dejan aflorar el oficio de ‘defender’ el concepto de su democracia, a través de la primacía del mercado. Arremeten creando ficciones, cargadas de hipérboles intencionadas, para conmocionar y para crear indignación, sabiendo que una vez infestado el imaginario social, su eco se perderá como un petardo de feria de santos menores. Se adhieren a los designios del patrón para convertirse en sus portavoces, sean estos intereses nacionales o los del imperio. Y solo con etiquetar el pretexto de “ayuda internacional”, justifican las tropelías políticas, creando razones para cometer la estafa. Esta clase de vasallos hacen ruido, nublan la mente, siembran la inquina y se van raudos a cobrar el valor del engaño.

   Los lacayos que denotan el hálito de reverencia fungen de ser imparciales y su disfraz elegante es el de ideólogos. Son los ‘expertos todólogos’ que pululan por los mayores centros mediáticos haciendo sonar la trompeta del triunfalismo, anunciando el fin del ciclo socialista y la coronación del capitalismo como el único modelo de organización económica, política y social. Su narrativa está dirigida a menoscabar los logros sociales para suplantarla con el mantra que según ellos el socialismo representa: represión y corrupción; hambre y miseria; y que, por lo tanto, la izquierda latinoamericana ha fracasado. 

   Los lacayos, en ese mundo ficticio, de medias verdades, tratan de imponer la idea de que antes de los regímenes de izquierda, América Latina era el epicentro del bienestar colectivo. Así como niegan los índices de organismos internacionales e imparciales que verifican el inédito golpe contra la pobreza en cifras nunca antes vistas, también niegan la historia al no considerar que el descontento social y la pobreza nace precisamente de la incapacidad de los gobiernos de derecha que han gobernado desde el inicio de las repúblicas latinoamericanas. A esa historia no le dan oídos y la callan. Ese es su talón de Aquiles, porque en tanto que haya injusticia, la izquierda siempre aflorará. 

   Los lacayos se atreven a juzgar a la izquierda como una idea vetusta y dogmática. Alegan que su vigencia solo se queda estampada en los acordes de una canción revolucionaria. Contra esto, dictan cátedra de ética, tratan de imponer la idea de que la derecha es flexible, pragmática, moderna, empresarial, innovadora y, más que nada que son la ineluctable alternativa para combatir la pobreza. Se olvidan que bajo el imperio del neoliberalismo lo único que al fin han hecho resaltar es la pobreza y que la promesa del “efecto cascada” no ha distribuido la riqueza como lo prometió desde su inicio de los 80s.

   Los lacayos ya desaprensivos, en medio del bacanal, se auto eligen como las nuevas voces mesiánicas. Han descubierto la lupa para develar la verdad de las verdades y el  megáfono para convocar a boca llena el génesis de la creatividad productiva. Pontifican que de ahora en adelante los tentáculos del imperio nos protegerán de cualquier idea anticuada para abrazar, esta vez ya definitivamente, la invasión del nuevo milenio imperial para contribuir en la sumisión “del totalitarismo global disfrazado de democracia”. Así tienden la carpeta roja, dan la bienvenida al imperio y se solazan en el mundo humanamente creado de los que tienen mucho y de los que no tienen nada, en el mundo de los nadies. 

   Los lacayos se congojan en el aliciente de que Lula está preso, se auto convencen de que Correa es ‘prófugo’ y que no regresará y que Maduro pronto será el Muamar Gadafi. Se acurrucan y duermen pesados de conciencia bajo el yugo del verdugo mayor. ¡Benditos ellos! ¿Qué pasará cuando despierten? ¿Qué lágrimas de arrepentimientos y mea culpas brotarán desde su autoexilio?
Luis Alfredo Castillo 

Prensa República Del Banano

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