#ArticuloBananero| Jaime Nebot es la medida de todo: multifacético y versátil

Las estrategias de convencimiento en campañas electorales son sutilmente llenas de simbolismos, de palabras claves y precisas, de manipulación disimulada si el electorado es considerado sofisticado, crítico, informado y difícil de convencer. Si al electorado, en cambio, se lo considera ignorante, desinformado, sin sentido crítico, la estrategia es más cruda, más grosera, llegando al borde de insultar la inteligencia del posible votante. 


   Lo simbólico se ha puesto de moda y se lo repite en tiempos de campaña electoral porque los políticos de baja calaña saben que los simulacros dan resultados, dan réditos. Es una afrenta, por lo tanto, ver a los Bucaram repartiendo regalos como si nuevamente estuviesen en tierra de nadie, haciendo de los próximos comicios lo que se les venga la regalada gana. Bueno, ese es su estilo, cuando se percatan de que no hay ningún contrapeso para frenar el insulto común a sus andanzas del pasado. Así mismo, pero ya con una pizca de disimulo, vemos a Cynthia Viteri por ahí entremezclarse con indígenas, mostrando su mejor rostro de simpatía y hermandad ecuatoriana o, ya llevada por la compasión, incluso posando al lado de un indiferente, desatendido y desnutrido perro, con dedicatoria para los activistas que velan por los derechos de los animales. Como está de moda, Lenín Moreno también reparte pelotas a niños discapacitados, después de haber prometido no intervenir en la contienda electoral. Simbolismos de falsa caridad que apuntan a convencernos que con ellos finalmente estaríamos amparados. 


   También, siguiendo la moda cuántica de prometer todo, decir de todo para luego no cumplir, porque si lo hace el desenchufado presidente, los otros también lo harán. Es así que, no faltaba más, a Jaime Nebot se le ha dado por dársela de camaleón. Le ha dado por envestirse de hombre nuevo. Tan nuevo que resulta sospechoso y jocoso creerle, porque sus posturas ideológicas van de extremo a extremo. Lo vemos tratando, con esfuerzo aparente, de encajar con el mundo indígena, aquel que sólo ayer repudió. Lo vemos con aquellos líderes serviles por los que Tránsito Amaguaña estará, sin descanso y decepcionada, en el más allá, aquella líder indígena que en su sindéresis y sabiduría tenía su visión clara: “he viajado, he caminado por muchos lugares pero jamás he negociado con la sangre de mis hermanos.” 


   Pero, después de malabares ficticios, de sonrisas desganadas, su simpatía y respeto hacia ellos, Nebot no convence. No convence porque hay un historial de racismo de Nebot y sus coidearios contra los indígenas. Y si hay duda, que nos lo cuente Salvador Quishpe. No podemos olvidar que el líder supremo del Partido Social Cristiano, León Febres Cordero, en un brote desenfrenado de superioridad los calificó como los “energúmenos de poncho”. Nebot no convencerá porque viene de ese árbol y la sombra del expresidente persiste en su hacer político.


   Asimismo vemos a Nebot abanderándose de causas ajenas a su rígida idiosincrasia. Fácilmente transita de feminista a indigenista, de ambientalista, a anti neoliberal. En fin, de esa sopa cuántica desbroza el terreno y se presenta como el nuevo hombre renacentista. Él es la medida de todo. Es multifacético y versátil. Lo único que falta es verlo defendiendo los derechos del vendedor ambulante. Y si de votos se trata lo veríamos batallando causas pro gay o pacifistas, o convertirse en curandero o cuántico. Es más, no descartemos el día en que también se declare revolucionario. Si las circunstancias lo ameritan y si eso ayudaría a la causa de ser elegido presidente, por la patria, haría hasta lo imposible. Así es su sed por el poder que le ha sido esquivo. Así es su vanidad que le hace creer de que es en sí una leyenda en su propia mente.


   El discurso de la doble moral ya está en camino. Poco a poco irá levantando la muralla para apartarse de las impopulares políticas de Lenin Moreno. Ya va montando el discurso de aparentar rechazo contra lo que bien sabemos que él es el arquitecto de la usurpación del poder. Y para hacerlo, ha colocado el discurso de la apariencia de querer ser lo que natura no le da. Mientras su mano izquierda quiere hacer renacer al nuevo hombre, la mano derecha lo delata, no olvida la historia nefasta de sus intervenciones en la política nacional. En suma: el cinismo a ultranza. 


   La gente no olvida. Aunque siga con sus piruetas diarias, la gente no le cree. Ese es su problema irremontable. Y es que hay cosas de las que supuestamente ha sido parte, al menos en el imaginario popular. Por eso, un canto al unísono, sintetizaba en las calles la tragedia, el dolor y el pueblo sin miedo le recordó: “¡Matraca, devuelve a los hermanos Restrepo… y paga impuestos!” Moraleja: siembra penurias, alza la voz altanera de mandamás y cosecharás un eterno rechazo en las urnas. 


Luis Alfredo Castillo 

Prensa República Del Banano

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