En Ecuador niñas trabajan alrededor de 30 horas semanales en tareas domésticas

Luego de un recorrido por Manabí, Guayas, Santa Elena, Los Ríos y Loja, entrevistando a 360 niños y niñas, junto con sus madres y padres, la ONG Plan Internacional Ecuador publicó El trabajo infantil doméstico (2017), en el que concluyó que las niñas y las adolescentes pueden pasar 30 horas semanales (o más) atendiendo las labores del hogar como principales responsables. 

“Ciertas dinámicas a nivel familiar y comunitario se toman como algo normal. El trabajo doméstico de niñas y adolescentes se repite cíclicamente, porque ven a sus mamás asumiendo estos roles”, indica Vivianne Almeida, gerenta de la oficina de Plan Internacional para Guayas y Los Ríos.

La economía del cuidado

La gran desventaja empieza porque el cuidado no es considerado un trabajo por nadie en la familia, ni siquiera por quienes lo están realizando. “Si le pregunta a una mujer, ¿a qué se dedica?, contestará: ‘No hago nada, el que trabaja es mi esposo’, aunque ella se haga cargo de todo dentro de casa”.

Hay una separación muy marcada entre el trabajo productivo (remunerado) del reproductivo (no remunerado). El cuidado de personas en el hogar no solo no se retribuye, sino que no se aprecia. “Además, la mujer concilia el trabajo doméstico con otras responsabilidades en lo que se llama la economía del cuidado: atención a niños y a adultos de edad avanzada, huertos, crianza de animales, jornadas laborales parciales, negocio en casa, labores para terceros desde casa”. Estos ingresos son esenciales pero pasan desapercibidos.

Causa de deserción escolar

Mientras la madre divide su tiempo, las responsabilidades del hogar se transfieren a niñas y adolescentes, “y hay pequeñas con responsabilidades de una adulta”. Por ejemplo, se convierten en las responsables de sus hermanos menores.

Almeida cree que el estereotipo del trabajo invisible afecta mucho más a las niñas, pues se les asigna tradicionalmente.

Según el informe de Plan Internacional, el 99% de niñas y adolescentes entre 5 y 17 años realizaba tareas domésticas, pero al ser consultadas no podían responder con claridad, “porque lo asumen como algo que tienen que hacer incluso por encima de estudiar o jugar”. A medida que crecen, las responsabilidades aumentan. Guayas y Santa Elena son las provincias en que las menores pasan más horas en estas actividades.

Esta puede ser una de las principales causas de la deserción escolar, con el consiguiente impacto emocional y económico. “En cuanto la niña deja de estudiar, perpetúa la brecha de género y el ciclo de pobreza”. Incide también en que huya de casa e inicie a edad temprana una nueva familia, donde la vida no será muy diferente.

Guayas y Santa Elena son las provincias en que niñas y adolescentes pasan más tiempo –superan las 30 horas– en actividades domésticas.

Una carga de por vida

El quehacer doméstico sigue siendo trabajo. Almeida considera que está dentro de la economía del cuidado, aunque sin ingresos monetarios, y que debe visibilizarse, para luego, mediante un trabajo serio dentro de la familia, distribuirlo de forma igualitaria, y que no sea una carga exclusiva de mujeres y niñas, sino que de acuerdo a la edad pueda llevarse de la mano de todos. Así, dice, cambiarían las formas de relacionarse en la familia y la comunidad, dando paso a la crianza positiva y a la paternidad activa.

El rol social de la mujer es fundamental, ya que se asume en un trabajo vitalicio 24 horas al día dentro o fuera de casa, solucionando todo lo que tiene que ver con los hijos y las hijas: la escuela, la alimentación, la distribución del dinero. “Las políticas públicas”, sostiene Almeida, “tendrían que considerar las consecuencias presentes y futuras del trabajo infantil doméstico”.

Cifras mundiales

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) calcula que para 2016 había 152 millones de niños y niñas trabajando, y de ellos 73 millones hacían labores peligrosas. El mayor porcentaje está en el grupo de edad de 5 a 11 años. Los varones componen el 58% de esos 152 millones y las niñas el 42% restante.

Se observa que ellos corren más riesgo que ellas de verse involucrados en trabajo infantil, “pero esta apreciación”, aclara el organismo, “puede deberse a que el trabajo de las niñas no siempre se declara, especialmente en el caso del trabajo infantil doméstico“. El número de niños trabajadores bajó de 215 millones en 2008 a 168 millones en 2012. (D. V.)

Fuente: El Universo, República del Banano

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