#ArticuloBananero| “Nos quisieron enterrar, pero no sabían que éramos semillas”

El líder nace, no se hace. Esa es la radical diferencia que ningún político, este momento en Ecuador, podría estar a la altura de Rafael Correa. Él escucha, interpreta, siente, y llega al corazón de la gente, que es donde el ciudadano comulga con sus temores y deseos, sus razones y pasiones, sus limitaciones y esperanzas, su impotencia y su libertad. El líder nato se conecta con estas aspiraciones y las canaliza en alternativas, en obras. Es así que con pensamiento y obra, ha corroborado de que es leal a su compromiso patriótico, firme en sus valores y convicciones, recto en su templanza y honradez y visionario en su esperanza por el bien colectivo.


Pensaban que habían sepultado su vida política y al hacerlo no hubo adjetivo agresivo que no usaran para lanzar escupitajos. Para muestra, los Moreno, los Michelena, los Roldán, los Cuesta, con audiencia nacional, encrespaban el pecho y, a mansalva, se desembozaban lanzando falsedades contra al ex mandatario. Sin embargo, su intención tuvo su contrapeso. Entre más visceral el ataque, mayor era la burla y desazón contra ellos. Rafael Correa no pudo tener mejores bufones para que conviertan la indignación social en militancia, la persecución política en guerreros digitales, quienes finalmente han defenestrado la importancia de los tradicionales medios hegemónicos.

Sin percatarse, cuando los desaprensivos lo insultaban, acusaban y calumniaban, 
también lo hacían contra un pueblo que en su tiempo debido se pronunció.  El escupitajo se convirtió en voto y el voto en exculpación. Es un repudio contra la retahíla de payasadas engalanadas en la impunidad, sin sustento ni asidero, en personas decentes. ¡Se les fue la mano al convertir vendettas políticas en odio!

En suma: se hizo justicia poética. Aun con la cancha inclinada y en peores condiciones, la victoria del voto consagra que Correa es la mayor fuerza política. Victoria de esperanza de una ciudadanía que cuando salió a la calle, salió a dar el voto de rechazo a la mentira, al odio, al abuso y, en general, a la pillería de los mercaderes de conciencia. 

Les llegó el día del primer aviso. Sus días están contados y lo saben. Pensaron y lo dijeron por dos años que la revolución ciudadana había sido una gran pendejada y que había muerto. Como en todo, mintieron. La revolución ciudadana goza de buena salud y se proyecta a recuperar lo perdido: institucionalidad, Estado de Derecho, inclusión social y esperanza, 
“Nos quisieron enterrar, pero no sabían que éramos semillas”

Luis Alfredo Castillo 

Prensa República Del Banano

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