#ArticuloBananero| La responsabilidad a informarse

En cualquier democracia el ciudadano debe ser vigilante, independientemente de que se mantenga activo o pasivo en su fundamento político. Sin embargo, necesita seguir informándose de medios alternativos o fidedignos, además de seguir instruyéndose. ¡No hay que dar por dada una victoria, ni una pérdida tampoco! La continua participación política es vital para asegurarse de que se cumplan promesas de campaña, de que no se destruya lo bien construido anteriormente, ni que tampoco se inventen programas estrambóticos por mantener un aparente rechazo a gobiernos anteriores. 

Estamos viendo por todas partes, con la excepción de México, una ola hacia la derecha con apoyo popular como reacción a políticas de izquierda en diversos países de la región y varios continentes.

¡Qué fácil ha sido, a lo largo de los siglos, engañar a un pueblo donde el nivel de instrucción es relativamente bajo! ¡Qué difícil ha sido lograr convencer al ciudadano  de que su voto tiene importancia y que resolvería algunos de sus problemas! Lo dicho, lo que queda por decir, o lo que nunca se dijo es bien usado en la manipulación de los más vulnerables e ingenuos políticamente. Aún  persiste en la Filosofía Política el enigma de cómo es que una minoría logra dominar, instalando su discurso ante una mayoría sin que esta se rebele inmediatamente. Obviamente que los medios de comunicación ejercen influencia en la difusión, aunque su credibilidad va a la baja. Es aquí donde la capacidad de análisis y crítica depende de la formación e información. Indudablemente, en todo existe sesgo, pero que por lo menos sea hacia la transparencia para que sea por el bien común.

¡Qué importante es la verdadera educación formal! Aquí, uno no se refiere al adoctrinamiento, sino a una formación desprovista de sesgos intencionados. Una instrucción que presente las distintas caras de la Historia y que ofrezca la oportunidad de analizar críticamente los diferentes hechos en su debido contexto.

Hay que reconocer que la mayor parte de los sistemas de educación tienden a servir al gobierno de turno, que decide su presupuesto; y que, por lo tanto, por mucho que un profesor bien informado quiera ofrecer a sus estudiantes la oportunidad de analizar y expresarse críticamente, se expone a ser despedido.

Pero… ¿Qué pasa con los académicos, intelectuales, escritores y artistas? ¿A qué se arriesgan? ¿No están comprometidos con ser la voz de los sin voz? ¿Será que se dejan llevar o manipular por el que dirán, típico en medios pequeños donde igualmente se participa, silenciosa o activamente, en la calumnia parroquial de inocentes? ¡Qué hablen, que den su apreciación, a favor o en contra!


Ana María Pereira-Castillo

Prensa República Del Banano

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