#ArticuloBananero| La justicia, aunque tarda, llega


El licenciado se pegó un merengue que ni él mismo en sus más íntimos momentos de hilvanar la traición pensó que le iba a salir tan bien como va el dedo al anillo. Se sintió un artista en la ejecución. Se sintió más pilas que todos los vivos. Por años, había calculado y controlado el sistema de corrupción sin que su equipo fuera detectado. Mintió a todos y eso lo hizo sentirse omnipotente. Si había que traicionar a cualquiera que se le cruce en el camino, pronto sería cosa humana del pasado. Se decía a sí mismo, mientras mascullaba la estrofa, para inflarse de aires de intelectual existencialista: “caminante no hay camino, se hace camino al andar”. 

Así siguió creyendo que su crimen era el “perfecto” y que nadie lo descubriría. 
Ahora, con la película más clara, vemos que lo que él mismo había cometido, es lo mismo de lo que él cínicamente, con su sonrisa socarrona, sin reparo alguno había acusado a otros. Después de tantas evidencias de fotos ostentosas en las redes sociales y de comprometedores correos electrónicos, podemos ver que lo que hace, lo hace a sangre fría. Y es que en realidad, no es otra cosa que ver las aspiraciones que él proyectó cuando en aquellos días se las veía entre parches y zurcidos, entre arroz con huevo y acordes de romances mediterráneos. Aún lo podemos ver en fotos, después de su desgracia,  junto a su fiel compañera, de apariencia humilde y austera, sumisa y estoica: ajena al blink americano, quizá de hace cuatro décadas en un entorno de una lánguida clase  media.


De allá a acá hay una selva amazónica de diferencia. Al parecer, por el decoro de su vida, esa vida suya, de ejercicio político de hombre de izquierda, que debería de ser para servir al prójimo, servir al más necesitado, solo le ha servido, supuestamente, para ayudarse con millones de dólares acarreados a su cuenta para si mismo. Su razón de ser no fue la justicia, fue el dinero. Y un ambicioso con poder, augura malos presagios. Porque aquél que denuncia al ladrón, al que acusa de autoritarismo, al que denosta de ambición por el poder, es el mismísimo que ha cometido aquello que denuncia. 


Es así que ya no nos sorprende que en actos sociales, ciudadanos indignados le gritan “fuera Moreno, fuera”. El rechazo es abierto y frontal, reflejo de un 84 % de de desaprobación. De tanto apuntar el dedo al prójimo, ahora le apuntan a él. Su mancha en su conciencia, si es que la tiene, por más que trate, no podrá borrarla ni lavarla, peor aún con el agua del Río Napo, allá donde tiene su cobachita, indiferente al lujo euro céntrico que hoy se da, aunque se haga, en sus propias palabras, el “pendejo”.

Su paso por el poder no servirá para otra cosa que un ejemplo para no ser lo que decidió ser. Se convertirá en la antítesis de los valores que nuestra futura generación tendrá que engendrar si el objetivo es salvar a la Patria. Porque su daño, su ponzoña, no es solamente contra la lealtad de su exbinomio, ni por la mayoría que confió en él, sino contra la misma esperanza de ser gobernado bajo el manto del Estado de Derecho, el debido proceso, el de la democracia misma. 

Uno se pregunta cuántos millones de ecuatorianos serán postrados nuevamente a la pobreza, cuántas muertes y sufrimientos causarán el despojo de su política pública de salud, cuántos sueños de niños y jóvenes capaces se verán frustrados al no tener la igualdad de condiciones que da la educación formal,  necesarias para anclar un futuro próspero? Y qué pensará la nueva camada de jóvenes comprometidos, que al testimoniar la ingratitud contra aquél que quiso enderezar lo torcido del país, hoy se lo vitupera, se lo castiga, se le tiende trampa tras trampa con el fin de que no regrese. ¿Querrán comprometerse por el desarrollo de su nación? ¿Acaso no conocen los incrédulos, los que han interpuesto obstáculos constitucionales, el  famoso relato mítico de Odiseo, que nos enseña que no habrán obstáculos que impidan su regreso a su Patria?

Pero la justicia, aunque tarda, llega. Ya se empieza a desmoronar el castillo de naipes. El nuevo Consejo de Participación Ciudadana y Control Social ya ha anunciado que le va a seguir los pasos para descubrir quién está detrás del notorio INAPAPERS. Su principal encubridor, “el Contralor auto sentado”, ya está directamente bajo sospecha por el lavado de activos de su sobrino, el flamante hombre del maletín de 250 mil dólares, apresado en Miami. Ahora, a conveniencia ya anticipada, niega el público y notorio parentesco y lo califica como “lejano”. Al parecer, ya se les acerca la hora de rendir cuentas del ya denunciado entramado de corrupción por el mismo Alex Bravo. Se anuncia que será objeto de veeduría, cuyo resultado será su fin merecido.

El licenciado se emborrachó con el poder. Su paso sólo dejará una estela de ignominia y en su frente llevará la palabra imborrable: corrupción. Es curioso que aquél que hacía referencia al “Señor de los Anillos” para endilgar, es el mismo que cayó en la sed por el poder.

Luis Alfredo Castillo

Prensa República Del Banano

Un comentario sobre “#ArticuloBananero| La justicia, aunque tarda, llega

  1. Un magnífico análisis, vertebrado, preciso, veraz, como todos a los que nos tiene acostumbrados Castillo. Loor al articulista valiente
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