CPCCS ya no asumirá su rol anticorrupción ante Convención Interamericana

La Constitución señala que el ente ciudadano es el que ejercerá como autoridad central de lucha contra la corrupción y representante de la Comisión Interamericana, mediante decreto se le quita dicha competencia.

Mediante decreto Ejecutivo 828, el presidente de la República, Lenín Moreno, le quita al  Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (CPCCS) la competencia de representante de “Lucha Contra la Corrupción” ante la Convención Interamericana.

Argumentando que el 20 de febrero de 2019 se creó la Secretaría Anticorrupción adjunta a la Presidencia de la República, el Gobierno le entrega la competencia a Iván Granda titular de dicha entidad, como única autoridad competente.

Además se dispone que la Secretaría asuma el rol anticorrupción del CPCCS ante el organismo internacional.

“Los organismos y dependencias de la Función Ejecutiva, brindarán a la Secretaría Anticorrupción las facilidades que requiera la aplicación del Plan Nacional de Acción de la Implementación de la Convención Interamericana contra la Corrupción”.

El decreto, debido a la incidencia internacional, también es firmado por el canciller de la República, José Valencia.

Decreto

#ArticuloBananero| Entre pillos, piratas y rateros

Los muchachos de Carondelet cumplieron con los mandados que encargó el vicepresidente, Mike Pence, el gringuito de apariencia de ángel, al que se le tendió la bandera gigante estadounidense como señal de la regalada sumisión de los nuevos tiempos. Encargó que se debería entregar a Julián Assange, que tendrían que denunciar y alinearse contra el presidente Nicolás Maduro Moro, que se tendría que entregar Galápagos y que se maniobrarían las condiciones necesarias para que el FMI llegara a dictar órdenes con el fin de propiciar el avance del neoliberalismo. 


La visita del Secretario de Estado, Mike Pompeo, plasmó finalmente nuestra sumisión al Imperio. Dispuso que nuestra seguridad cibernética pasara al veredicto del Gran Hermano. Desperdigó unos capillos cuando bajaba del altar, entre banderas y dadas de mano de fraternidad, como muestra de su complacencia. Entre pillos, piratas y rateros se entendieron. Pompeo, al menos, muy suelto de huesos, bonachonamente, ha admitido que como director de la CIA, tuvo que “mentir, engañar y robar”. ¡Así de fácil! Como fácil ha sido poner en venta nuestra soberanía. De Carondelet se expande el eco del anuncio: “¡Venga, venga mi bonito, mi patroncito, lleve, lleve nomás. Todo está en venta, baratito, llevará nomás!”. ¿No será que por eso se entiende con Moreno? Con Pompeo, al menos, sabemos a qué atenernos. Ahora sí, ya ganada la confianza, el licenciado se pavonea de foto en foto, de viaje en viaje, seguro de que al menos será protegido, hasta que les sirva. Después… ya sabemos.

Y es que no podría ser de otra manera. Cuando se habla de los Estados Unidos, se quiera o no, se habla de las mentiras de Donald Trump. Lo mismo ocurre que cuando se habla del retroceso del Ecuador, forzadamente se habla de Lenín Boltaire Moreno, si, aquél que en su ausencia presidencial ha permitido el bacanal.

¿Quién pudo pensar que el muchacho de Nuevo Rocafuerte, Orellana, se metiera en estos desaciertos? Sus nombres mismo ya lo anunciaban. Los dos aparentan ser lo que no son. Lo de Boltaire, no es un error garrafal ortográfico de un cronista de mala muerte, más bien es lo que el destino en su divina providencia nos ha deparado. Claro está que Boltaire, el nuestro, disculpen, el Boltaire ecuatoriano, nada tiene que ver con Voltaire, el filósofo francés, el luminoso defensor de la tolerancia y libertad. Es decir, hay una gran diferencia entre el remedo y lo genuino. Tampoco hablamos lo de Lenin, otra ironía de la vida, ciega de partidismos, generosa en la libertad de permitirnos ser en nuestra imaginación lo que queramos ser. No, no hablamos del Lenín revolucionario, el apóstol de Marx, hablamos del Lenín cuántico, quien recalibró  el socialismo del siglo 21, con su estruendoso “no sé”, con esa cosa amorfa de “gobernar por la derecha y repartir por la izquierda”.

Moreno es una aberración de la historia ecuatoriana. Si bien antes hubo traición, no la hubo con tanta cizaña, con tanto desparpajo, con tanto odio visceral contra un electorado que confió en él. No hubo otro misántropo igual que él que haya destruido la esperanza de bienestar. Claro está…, las fotos de las fiestas de gala y de fandangos dadas en las casas de los opulentos, antes enemigos, las cuales circulan por las redes sociales como muestra del diálogo de brazos abiertos, pero de espalda a los intereses de los sectores sociales que apostaron por él, son una muestra del desparpajo, de insolencia, dirigido a los de abajo, que es de donde él viene. Las fotos, al contrario, narran la pleitesía parasitaria de uno que desesperadamente quiere ser parte de un estrato al que bien sabe no pertenece. Las fotos narran el sainete, narran la base y la razón de todo. Narran la traición cuya trama termina imponiendo el capital sobre el valor humano. Lo de más es espejismo. El saqueo ya está en camino. La represión también.

Es en este contexto político que pululan las afrentas a la inteligencia, a la decencia y a la dignidad. Al gobernar por la derecha han llevado a vender y a arrodillar la soberanía. Ni Lucio fue tan ágil y servil en nuestra casa. Como intercambio de favores, Moreno y su séquito de testaferros, esbirros y lacayos terminarán en Miami siendo protegidos como los ahora insípidos y desganados dictadores. Allá anidarán la vergüenza, allá se nutrirá del hastío y repugnancia.

Moreno, aquél que desde niño quiso ser pirata, y a quien no llamaré presidente, no solo ahora que recibe el rechazo del 86 % del electorado, sino también porque dejó de serlo desde el momento que no acató y se burló del 51.16 % de la voluntad popular, sigue siendo el servidor más fiel, la punta de lanza para perpetrar los intereses del Imperio, pero nocivos para nuestra nación. 
Luis Alfredo Castillo 
Prensa República Del Banano