#ArticuloBananero| ¡Apiádense… denle al licenciado un bozal!

El rechazo al los dislates del discurso ramplón de Moreno ha sido visceral. Tanto que la elasticidad de los adjetivos calificativos se pronuncian con fuerza, como escupitajos al ojo. El abanico de epítetos va desde energúmeno hasta “bazofia humana”, ganado hace pocos días y propagado internacionalmente. No habrá hombre tan insultado como él. En eso sí se consagra con inigualable ‘aureola’. Y es que su visión retrógrada no calza, después del experimento político de la Revolución Ciudadana. El Ecuador es un país diferente. ¡Ya no se pueden decir barbaridades anacrónicas!

Incluso, dada la viveza criolla y dado que ya se lanzan cohetes proselitistas con miras al 2021, uno podría sospechar de que el discurso no fue arbitrario, sino como un premeditado trampolín para que el distanciamiento del los social cristianos con los morenistas aparente zanjar su definitiva separación. 

Las palabras de su discurso son calculadas para provocar repudio. La plataforma para liderar el rechazo contra el gobierno de Moreno ya está montada. Desde Guayaquil se está ya tejiendo ese simulacro. No es coincidencia la tirada de orejas que la alcaldesa Cynthia Viteri propició contra la ministra del Interior, Maria Paula Romo. Y al mismo tiempo, cabizbaja, pero con celeridad expedita la ministra se declara lista para complacer el reclamo y firmar el convenio “Plan Más Seguridad”. Sin embargo, para incrementar la tensión, la novela, Viteri “tres minutos después, iniciaba otra rueda de prensa y ratificaba que no va más el plan” (…) porque había “trampa y mala fe” de parte de la ministra.

Así las cosas, con un Guillermo Lasso abruptamente disminuido, Jaime Nebot está en control y espera el día que le coloquen la banda presidencial. 

El discurso de Moreno, que en sí es el de Nebot, al mismo tiempo nos prepara para lo que viene con la política económica del ex alcalde. Con la alfombra roja ya tirada al piso, ya oiremos que su modelo exitoso, es decir, el mito de desarrollo, será propagado a nivel nacional. Será el modelo neoliberal de los empresarios, lleno de “monitos” de cinco años vendiendo en las esquinas agua o Coca Cola, como símbolo de la “iniciativa empresarial”. Si ya se lustró los zapatos con ese “niño betunero” hace años, hoy estaría listo para magnificar su sueño. Será el imperio del capital sobre el bienestar humano.

Según los gurús empresariales, de esos que dan discursos de motivación personal, de cómo sobrepasar las dolencias por medio del humor, al parecer los ecuatorianos somos vivísimos para los negocios que, dizque, tenemos el gene empresarial, que es “nuestra esencia”, es nuestro DNA. Tanto es nuestro potencial que incluso valdría la pena que los niños dejen de ir a las escuelas. ¡Bienvenidos a la República del Banano!

“¡Viva el emprendimiento del trabajo infantil!” Pues, la escuela solo dará “seguridad” laboral y, al compararlo con la tierra prometida de la libertad, vale la pena soslayarla. No nos servirá, nos dice el gobierno que se alista a despedir miles de maestros. Solo que al hacerse adultos y si persisten con su “esencia empresarial“, el encanto desaparece y el garrote y el despojo de sus pertenencias les espera. Las escuelas sólo serán para los que han triunfado. Esta visión no es la de un rufián porque el rufián al hacer el daño es competente. Esta visión es de un parapeto: nulo, torpe, ineficaz, inútil, inepto e incapaz. .

Es un discurso de medias mentiras. Si ese fuese el caso, primero tendríamos que nivelar el plano de igualdad de condiciones. De lo contrario, el rico siempre será rico y el pobre más pobre. Es un discurso añejo. Es el discurso del sueño americano a la ecuatoriana. ¡Así nomás. Rapidito nomás! Si ese fuese el caso, de solo valerse del espíritu empresarial, Canadá no estaría entre los primeros diez países más equitativos. De largo le da a los EE.UU., país que se lo suele usar como referencia. ¡Cuidado con el hechizo de las medias verdades! En Canadá hay libre empresa, pero primero se prepara a sus ciudadanos, proveyéndoles de derechos y servicios sociales. Y los “monitos” canadienses de cinco años, primero estudian. De ahí sí, bienvenida la competencia. Que los niños trabajen es un crimen y a eso se llama explotación infantil. Uno se pregunta que al deshumanizar a los niños de cinco años, ¿estarán incluidos los “monitos” Lasso, Nebot, los Febres-Cordero, o la “monito” Viteri? Por último, referirse a los ciudadanos como “monitos” y mañana como “longuitos”, es atizar las brasas del regionalismo, que por ahora queda como hilo abierto. Así nos dividen, así nos gobiernan. Es aquí cuando el cantautor canadiense Bruce Cockburn sentencia contra las atrocidades: “If I had a rocket launcher… some son of a bitch will die”. (Si tuviera un lanzacohetes … algún hijo de puta morirá ”.)

¡Señores asesores de comunicación, apiádense, denle al licenciado un bozal!

                                                                              Luis Alfredo Castillo 

Prensa República Del Banano
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