“El Consejo de Participación debe eliminarse por malo y peligroso”

Las amenazas dominaron más que los argumentos. Los cuatro integrantes del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (CPCCS), censurados y destituidos el miércoles pasado por la Asamblea Nacional, no cesaron de recordar a los legisladores que llegarán a instancias internacionales, si es necesario.

 ¿Intentaron amedrentar a los legisladores con esas advertencias? 

– En mi caso, a estas alturas, estoy curado del espanto. No es la primera vez que una persona que va a ser destituida llega amenazando. Lo hizo Carlos Ochoa (exsuperintendente de Comunicación) y también las diputadas destituidas Norma Vallejo y Sofía Espín. Traen a colación un caso (Quintana Coello y otros vs. Ecuador) en el que sí se violó completamente el procedimiento, pero con otro marco constitucional.

– ¿Qué garantiza que en esta ocasión haya sido diferente?

– Nos hemos enmarcado rigurosamente al marco de la Constitución. Los procesos políticos que se hacen ahora son mucho más detallados y garantistas que los procesos políticos que se hacían antes.

– ¿Creen entonces que cualquier demanda no tendría futuro?

– El tema es que a la Asamblea no le pueden enjuiciar por cumplir sus funciones constitucionales. Además, hay otro detalle: los procesos políticos tienen fundamentos distintos a los que suele haber para un proceso penal o civil. ¿Es un proceso subjetivo el juicio político? Por supuesto que sí lo es y esa subjetividad es la que se entrega a los asambleístas. Ahí no hay muchas vueltas que darle.

– El argumento de su interpelación fue la falta de probidad de Tuárez. ¿Es posible perderla en apenas 62 días de funciones?

– Es evidente. La probidad es un estado de conciencia y de ánimo que nos obliga a hacer las cosas correctamente en la vida. No es que un funcionario público debe tener probidad desde que asume el cargo, sino que para poder ser nombrado ya debe poseerla. Tuárez, antes de ser candidato, antes de posesionarse, ya había vulnerado cualquier elemento de confianza que debe tener un funcionario público.

– ¿Ser sacerdote y presentarse como tal pudo favorecerle en la elección?

– Resulta que con una población mayoritariamente católica como la ecuatoriana, el hábito podría transferir una suerte de confianza y el Consejo Nacional Electoral (CNE) le permitió presentarse con el hábito. Pero cuando Tico Tico quiso presentarse con su vestimenta no le dejaron, salvando las distancias inmensas que hay entre la vestimenta de un clérigo y un actor cómico; pero en términos generales se trata de que a partir de la vestimenta generó un respaldo.

– ¿Corrió peligro en algún momento la votación para censurar y destituir al CPCCS?

– En la mañana corrían los rumores de que había llegado el hombre del maletín. Que hubo ofertas de que cuando nombren al nuevo contralor permitirían a los asambleístas poner gente ahí. Incluso se rumoraba que ofrecieron ministerios para cuando Tuárez sea presidente (risas). Pero nada de eso pasó y la Asamblea tomó ese 14 de agosto decisiones correctas y fuertes.

– ¿La volatilidad de la mayoría legislativa que un día antes no pudo censurar a la exministra de Salud Verónica Espinosa, le puso a dudar de que pasaría lo mismo con el CPCCS?

– Para este caso específico no, pero el miércoles pasó algo importante. Un día antes el Gobierno no da los votos para censurar a Espinosa y al día siguiente se iba a lavar la cara votando por la destitución del Consejo. Lo que no contaban es que la oposición, a los tiempos, actuó como oposición y pedimos la reconsideración de la votación de censura de Espinosa, que todo mundo la daba por perdida. Necesitábamos los votos de los correístas para un caso y de los morenistas para el otro y ambos bandos perdieron en sus respectivos espacios. Nosotros logramos el resultado deseado.

– Puertas afuera la percepción es diferente y aumenta la mala imagen que hay de la Asamblea…

– Debería ser al contrario y explico por qué. El día anterior, justo a la hora de la votación, a cierta gente le dio por ir al baño o se enfermaron, pero en realidad fue un ejercicio de poder del Gobierno, que quiso dejar el mensaje: voy a proteger a mis ministros. Y ese era un mensaje fuerte para que se sientan intocables. Pero se les durmió el diablo porque al día siguiente logramos conseguir los tres votos que faltaban.

– ¿Siente que le falta celeridad, liderazgo e iniciativa a la actual Asamblea?

– La Asamblea tiene que ser algo lenta porque es un cuerpo de 137 voluntades divididas en varias tendencias políticas con sus intereses particulares, nacionales o locales. A la Asamblea hay que leerle en dos momentos. Hoy es más proclive al control político de lo que se tuvo en los últimos 12 años. Es bastante mejor de lo que hubo hace dos años, cuando el control absoluto que tenía el correísmo hizo que desaparezca el debate. Bueno, ahora hay debates, hay enfrentamientos, no es el mejor espectáculo del mundo, pero eso es necesario.

– Volviendo al tema del Consejo de Participación, ¿la responsabilidad del CNE de calificar la candidatura de Tuárez terminará en juicio político? 

– Esto hay que contextualizarlo. El país vive un estado de hiperpresidencialismo creado justamente para poner trabas al control político. Lo primero entonces es nivelar el poder dentro del Estado. Fíjese que para censurar a Tuárez se necesitan 70 votos, que es complicado; pero para una exministra, más de 90 votos, lo que le hace una misión muy difícil.

– En el caso del CNE, ¿cuántos votos se necesitan?

– El CNE es justamente parte de este sistema para bloquear la función de control político en la Asamblea, porque también se necesitan más de 90 votos. El día que recogí las firmas para el juicio político contra Tuárez, también lo hice para el CNE porque hay causales de sobra. Pero en este punto una cosa es tener las firmas y otra los votos. No voy a presentar la solicitud de juicio mientras no tengamos un acuerdo amplio entre bancadas.

– A la Asamblea se le advirtió que habría una prohibición para posesionar a Tuárez y no la tomó en cuenta. ¿Asumen la corresponsabilidad?

– En ese momento no podíamos hacer nada porque el señor ya había sido nombrado. Así funciona el derecho, bajo la presunción de que todo es correcto y la gente obra legalmente, de ahí parte la presunción de inocencia. En este caso específico teníamos unos funcionarios que habían sido nombrados, pero nadie le quita a la Asamblea la posibilidad de revisar los procesos de gente a la que nosotros mismos posesionamos.

– ¿Con su movimiento Ahora insistirán en la eliminación del CPCCS?

– Hay que seguir discutiendo la eliminación del Consejo de Participación, porque no podemos pensar que es malo porque está dominado por los correístas, o es bueno porque está con el gobierno, o mejor si llega a manos de la oposición. Es la institución la mala y peligrosa.

Contexto

Villamar es uno de los asambleístas que impulsaron el juicio político en contra del presidente del Consejo de Participación, Carlos Tuárez, a quien cuestionó por falta de probidad. Alejado del movimiento CREO desde hace meses, dice que eso le dificultó aún más su labor fiscalizadora.

Frases:

“La Asamblea quiere tomarse las funciones del Consejo para elegir autoridades y dejar viva la institución, y eso tampoco quiere la gente”.

“El Parlamento nunca va a ser popular porque no entrega los bonos ni es el que construye hospitales. Aquí se concentra el conflicto político”.

“El Consejo se crea para nombrar autoridades de control porque no hay ladrón más peligroso que el que sabe que no va a ser juzgado o lo va a ser por sus amigos”.

Expresó

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