#ArticuloBananero| De “Sabor a mí”, al “Mediterráneo”

El paso de Moreno por Carondelett en los últimos 835 días y más, parece que han sido “mil años”, y más aún con la amenaza que el resto de días, hasta el 24 de mayo de 2021, se los sufra como “una eternidad”. No hay escape, salvo a que el hartazgo no lo deje terminar, o a que haya algún “impulso” inevitable, de algún escasísimo residuo de dignidad y ya decida amainar su deshonroso remedo presidencial. Serán dos años de inexorable chisporroteo verbal, mientras tenga micrófono en mano. 

Ha logrado, en parte, en adormecernos, en reducir el llamado ético que se traduce en asombro. De lo contrario, no es gratuito de que se dé el lujo, en un entorno nacional tan religioso, de restregarnos en nuestras caras que el Dios de Abraham y Moisés, el de la mayoría de los ecuatorianos, a veces se comporta “bien Desgraciado”. ¡Qué irrespetuoso! ¡Qué deslenguado! ¡Qué desparpajo del “Señor Presidente”, pero del presidente tenebroso y anquilosado de Miguel Ángel Asturias. Ya empalagado en el poder, el rey de pacotilla habla nomás, en un entorno de toreros socialistoides, de banqueros en tronos de hielo, de asesores deslenguados, de ministros sin “plata” y “fines prácticos”; de cristianos embelesados en el circo romano. Pero no habrá falta que un adulador estalle ante el prodigio de la ocurrencia desenfrenada.
“Pasarán más de mil años, muchos más…”. Serán días de atolondramientos por dejar al mando al ex alcalde, el que Moreno supone como futuro presidente, y rezar para que este no lo traicione y no haga lo que él hizo a Correa, a quien prometió lealtad. Se puede conjeturar que Moreno también le hubiese cantado a Nebot, muy quedito al oído, cerca, muy cerca, así como ahora lo hace entre abrazos el asesor presidencial declarando que: “Nuestras almas se acercaron tanto así que yo guardo tu sabor. Pero tú llevas también sabor a mí”. 
No es de negar, el sentimiento a veces obliga. Especialmente si uno se siente como pasajero y sabe que el viaje pronto terminará. Es ahí, que llegó al fondo ese sentimiento de sepulturero cuando le salió al asesor presidencial ese tan sentido gene, ¡ayyyyyyyyyy!, “¡muuuuchosss más!”. Y el pobre se descarrila hasta el punto de absorber ese gas alucinógeno del oráculo de Delfos para ‘amenazarnos’ que la Romo, la del desaire, al querer, sería presidenta. Pero, desde los intersticios de su prisma, también anuncia ese dolor que pone de sobre aviso que los días de poder se le acaban.  Los días donde, por cuestiones esotéricas, se le aparecen al asesor, por la mañana, personas de negocio, esos pedestres “business men”, y por la tarde, debido a su ‘carismática’ presencia, ya está encuadrado el posible contrato para venderle empresas públicas. Más fácil que vender chicles.

Me refiero al vídeo que circula por las redes, más allá de la camaradería, de esos sentimientos coyunturales de “contigo hasta la muerte”, de “yo te protejo la espalda y tú la mía”, de tú con tu mandanga y yo con mi burundanga, allá por paraísos fiscales, allá por Alicante, de “Sabor a mí” al “Mediterraneo”. Más allá se ve la razón de la resiliencia del licenciado de soportar las barrabasadas: tenemos la representación de una presidencia que se descalabra cada día, tenemos a un impresentable mal hablado, con repetidas faltas garrafales de ortografía (“desición ”), y descachalandradas elucubraciones, como es su proceder, tal como el nivel de aptitudes que rondan por la presidencia. Tómese en cuenta de que solo se habla de un asesor. Hay una sarta de intratables que se la pasan comiendo hoy el vómito de ayer. 

“Soy tan pobre…. qué otra cosa puedo dar”, el dúo canta al frente del “center piece” de la mesa: un bonsai. Como la naturaleza es prodigiosa en simbolismo, el bonsai se presenta como si tuviese micrófono en mano enunciando, desde su ‘altura’, palabras de desespero, palabras ahogadas sin credibilidad, palabras propias de un socialcristiano, pero necias, muy necias  al arrogarse investiduras de juez veraz, al dictar sentencias salomónicas e indudables de entre lo “leve” y más leve. “No pretendo ser tu dueño. No soy nada yo no tengo vanidad (…). Sabor a mí ”.
Luis Alfredo Castillo

Prensa República Del Banano

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