#ArticuloBananero| Moreno: ¡Yo también soy Zángano! 

El gas lacrimógeno, la piedra, el vidrio roto, los heridos, el estado de excepción,  los perdigones regados por el suelo y la represión excesiva son evidencia que no se ha cumplido con el plan de gobierno que se encargó. Hoy el pueblo vestido de amarillo, azul y rojo, decididamente se levanta para restablecer su voluntad constituida. Los políticos que mal usaron el poder tendrán que rendir cuentas. Es la acumulación de desobediencia, de no hacer lo que se prometió, de inoperancia en la gobernabilidad, y de pensar que en su potestad eran inamovibles. Se dice que “la democracia solo dura lo que dura la obediencia”. Ya en las calles, el poder popular no tiene nada que perder y todo por recuperar. 

Como muestra hay dos fotos, un vídeo y una pancarta, las cuales sintetizan la estafa política. La foto uno: hay un joven tirado en el suelo, no se sabe si está muerto o herido; a pocos pasos de él, la fuerza pública armada dándole la espalda, uno de ellos le toma una foto. La foto dos: un entorno lúgubre, lleno de tensión y de humo gris oscuro, producto del desmán, hay banderas ondeantes, hay enfrentamiento, hay gritos de “fuera Moreno fuera” (la escena nos remonta por un segundo a la misma entraña de la revolución francesa). El vídeo: un policía en moto del Estado, ya deshumanizado, tal cual el “valiente” jefe de Estado y sus arrogantes ministros responsables, atropella con intención de matar a un ciudadano indefenso en el piso, quien trataba de levantarse, como si su vida o la vida del pueblo no tuviese ningún valor. Al diablo con el uso progresivo de la fuerza. Al diablo los Derechos Humanos. Y la pancarta: exhibida por una humilde campesina indígena lo dice todo: “violentos son los que provocan la desigualdad social, no los que luchan contra ellos”. Es un estado de cosas en donde el gobierno impone lo que le da la gana, contra el pueblo quien rechaza porque sus derechos están siendo conculcados. Y es con esta tragedia que el Ecuador ante el mundo lleva la mancha de un estado fallido.

Es un gobierno distanciado de sus mandantes. Es dominador, sin consenso ni legitimidad (86% de rechazo), que tiene que usar la fuerza coercitiva para afianzarse en el poder. Frente a las mentiras y deslizantes contradicciones, que sí y que no, del licenciado quien finge de “valiente” mandatario, la respuesta resurge de la justa indignación social por todo el país. No es un enfrentamiento entre  correístas y anti correístas, ni de izquierda ni de derecha. Hay una historia más profunda. Solo basta ver la historia antes del 2005 para encontrarnos con el enfrentamiento de la fuerza pública contra un pueblo que reclama justicia y exige gobernabilidad. En diez años, tres presidentes fueron defenestrados y ahora los Zánganos vamos por el cuarto. Es un pueblo que ha dicho, ¡basta a la traición!

Es el viejo enfrentamiento contra un gobierno que enriquece a los pocos y hunde a la pobreza a los muchos. Se repite nuevamente la coyuntura: el Fondo Monetario maneja nuestra economía para su beneficio y la banca exhibe ganancias astronómicas en millones de dólares, en una economía en recesión. Mientrastanto, para el pueblo solo hay los repetidos paquetazos económicos, el desempleo, la inseguridad, la escasez de medicina, la pobreza y la pobreza extrema que engrosan las filas de los desposeídos. Es decir, regresan a poner las manos en el bolsillo y a retroceder derechos laborales irrenunciables. 

El voto que se le confió no fue para que el “valiente” licenciado nos lleve al despeñadero. Resulta irónico pensar que el gran dialogador de aires de libertad, termine siendo un brutal dictador. Sin embargo, al que se lo inculpó de “dictador”, nunca decretó estado de excepción,  ni hubo convulsión social, ni prebendas descaradas a los grupos económicos. ¿No será que siempre fue una farsa montada por los enemigos del pueblo y los “florindos” embelesados aplaudieron? Pero la costumbre de los “florindos” es más fuerte y siguen: “son solo centavos…, es justo que todos paguemos …, yo no soy empleado público…, ¡ay, estos indios sucios, vagos y rebeldes!… ¡que no regrese el dictador… ay Dios no!”. 

Luis Alfredo Castillo 

Prensa República Del Banano

Un comentario sobre “#ArticuloBananero| Moreno: ¡Yo también soy Zángano! 

  1. Las palabras sobrarían para describir a un mitólogo como Moreno. Su comportamiento es un péndulo que va desde cobarde, nefasto, indolente, contradictorio y traicionero. Ya es tarde para la reconciliación. Su gobierno ya mató, ya hirió, ya desplegó una de las mayores fuerzas represivas contra el mismo pueblo que le dio el voto. La paciencia se agotó, su legitimidad y deslealtad también. Hoy tenemos a un pueblo levantado. ¡Ya era hora! Hoy los ecuatorianos nos sentimos orgullosos de nuestra comunidad indígena: digna, valiente y luchadora. Tienen la cara limpia para reclamar las injusticias del tirano.
    Nos queda claro que ningún gobierno podrá gobernar, sin escuchar la voz de los históricamente marginados. Estamos con ellos. Seguiremos alzando la voz de protesta y la represión no será motivo para dar un paso atrás. Ahora más que nunca, los opulentos, los de cuello blanco, y la prensa corrupta se darán cuenta de que con el pueblo no se juega.

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