#ArticuloBananero| “El único país en el que no hay golpes de Estado es EE.UU.”

Una gran verdad denunciada por un gran patriota: Evo Morales. Basta con poner atención a las respuestas de los diplomáticos estadounidenses en las sesiones públicas de esta semana, para ver claramente que en el desempeño de sus carreras en el extranjero, su deber es velar por los intereses americanos primero, para luego defender “la democracia” de las naciones en las que se encuentran. Según deposiciones del diplomático americano encargado de asuntos políticos, al presidente Trump “no le interesa Ucrania”. Ya en los años 50, John Foster Dallas, secretario de estado para el gobierno de Dwight Eisenhower, había delineado la política extranjera americana y en sus propias palabras declaró que: ¡”Estados Unidos no tiene amigos, sino intereses.”!
¿Con qué autonomía se siente cualquier líder electo por su pueblo, en país que tenga embajada americana? ¡O obedece al Imperio, o lo sacan! Antes sacaban a presidentes latinoamericanos con el apoyo de EE.UU. o con su intervención directa al país, como con Noriega, en Panamá, y Allende en Chile. Ahora utilizan crisis inducidas, como en Ecuador, para cumplir con políticas de austeridad exigidas por el Fondo Monetario Internacional, brazo derecho de la política extranjera americana. A la vez que se benefician las multinacionales y las élites económicas locales, van sobornando a los que están en el poder, ciudadanos elegidos por el pueblo que escogen olvidarse de sus promesas en campaña, por la protección económica y física que gozan del Imperio, estén dentro o fuera del país. En Bolivia usaron el pretexto de “fraude” electoral, que todavía está por comprobarse, y junto a los evangélicos que empuñaban como arma su Biblia, con un Jesús burgués ajeno al Jesús Nazareno, descaradamente y con violencia militar, obligaron a que renunciara Evo Morales, aún después de que éste aceptara la propuesta de la OEA en ir a segundas elecciones.
¿Acaso no ven esto los latinoamericanos que siguen apoyando a sus propios presidentes sumisos y obedientes? ¿No ven la importancia de ser estados independientes y soberanos administrando el control de sus propios recursos naturales y humanos? ¿Por qué se sigue repitiendo la historia de dependencia cuando sus propios líderes progresistas han demostrado tener la capacidad de autodeterminación?
Es obvio que ningún país se debe aislar y en la actual globalización económica, habrá que forjar lazos de mutuo beneficio económico y cultural. Mutuo beneficio no debería ser sinónimo de dependencia ni de sumisión. La historia de América Latina está repleta de este tipo de desigualdad en acuerdos que empobrecen a la mayoría, plagados de corrupción tanto del que ofrece como del que recibe.
¿Por qué no basarse en las estadísticas reales que demuestran progreso para todos y aprender de la historia, para que así no se sigan repitiendo los mismos errores? ¿Será la ingratitud de la condición humana la que no permite reconocer los esfuerzos de líderes progresistas? ¿Será la impaciencia del pueblo en dar por dado a lo logrado y querer inmediatamente disfrutar de los mismos privilegios que han tenido las élites? ¿Serán las condiciones cíclicas de la economía que sustenta esos cambios al principio pero que, al depender del mercado internacional, dan un giro regresando momentáneamente a tiempos de vacas magras? ¿Será la inevitable y continua presión de la derecha en su avara búsqueda por seguir multiplicando intereses económicos sin preocuparse por los pueblos ni el planeta? ¿Se trata de la maldad y avaricia desmedida en la naturaleza humana ? O ¿se trata de una completa, continua y necesaria campaña educativa ? Esta campaña ayudaría a mantener presentes los logros, a defenderlos y mantenerse firmes en el curso iniciado, para así seguir construyendo e ir disminuyendo la brecha. Caso contrario, se desperdicia el siguiente voto orquestado para borrar todo lo logrado.
En su magistral cátedra en la ciudad de México, Rafael Correa nos invita a ponderar, a analizar y a buscar respuestas a este fenómeno que achaca los país latinoamericanos. ¿Dónde estuvieron los 37 millones de brasileños que Lula sacó de la pobreza cuando la persiguieron y la sacaron a Dilma? No hay que subestimar el poder de la gran arma que tienen las élites y las multinacionales: el capital disponible para calumniar y envenenar al pueblo con la ayuda de los medios de comunicación. ¿Se lograría con rapidez y eficacia educar a los que más necesitan comprender que salir del subdesarrollo requiere mucho más tiempo del que las presentes constituciones ofrecen a sus líderes progresistas, antes de que las falsedades y calumnias empiecen a envenenarlos con mentiras?
Vivimos en una época en la que hay accesibilidad a información verídica y verificable. Latinoamérica necesita a académicos comprometidos con un desarrollo incluyente que instruya y eduque al votante, sin hacer proselitismo político, por lo menos hasta que el pueblo logre tener las herramientas necesarias para hacer esa investigación por sí mismo. Son necesarios foros de instituciones educativas regionales e internacionales que difundan continuamente los logros de cada gobierno y expongan políticas económicas que tuvieron éxito contrastándolas con las que fracasaron.
Cada vez que estos foros se expresaran, tendrían que divulgar sus fuentes y aclarar su intención en informar tal o cual asunto, incluyendo cualquier apoyo financiero que hayan recibido de individuos, instituciones, corporaciones y otros países. Por lo menos, antes de proseguir a analizar por quién votar, cada latinoamericano podría decidir qué tipo de gobierno quisiera escoger para administrar el futuro de su país y por ende de sus hijos y nietos. Caso contrario, se seguirá repitiendo la historia y manteniendo esa brecha de la que tanto se habla, que da pasos gigantescos con gobiernos progresistas pero luego retrocede deshaciendo gran parte de ese desarrollo incluyente. Poco se avanzará si el pueblo es tan vulnerable a las falsedades propagadas por maldad o por ignorancia, y la estabilidad seguirá siendo un privilegio de los pudientes, mientras nuestros hermanos muertos quedan desparramados por las calles
Ana María Pereira-Castillo 

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