#ArticuloBananero| El emperador no tiene ropa

En lo formal, Estados Unidos, el país más poderoso en la historia de la humanidad, tiene un presidente, pero que no se sostiene en el triunfo del voto popular directo. En lo práctico, debido a las ya conocidas letanías de hipérboles de auto alabanza, ha sido el acicate para que de frente se convierta en el hazmerreír, ya no tan solo de los comediantes, sino del mundo entero. Estados Unidos no tiene en Donald Trump un presidente que dignifique a sus mandantes. Tiene un elefante en una tienda de cristalería. 

  No hace mucho, la burla de su audiencia incrédula fue contra sus declaraciones sin asidero histórico. Ensimismado en su mundo de heroísmo falso y acostumbrado a no ser contradicho, como a menudo lo hace en entrevistas montadas de Fox News, declaró, “Hoy estoy ante la Asamblea General de las Naciones Unidas para compartir los progresos extraordinarios que hemos logrado. En menos de dos años mi administración ha conseguido más que cualquier otra en la historia de nuestro país”. Y apenas terminó de decir este abreboca, esta mentira, se desvaneció en su desencanto. Su rostro involuntario, con gesto de haber sido pillado en medio de sus argucias, constató prima facie, el momento de la carcajada del mundo político, concentrado en la sala
de la Organización de las Naciones Unidas. Fue como si el elefante hubiese despertado del daño causado por el ruido estrepitoso de la cristalería, “No esperaba esa reacción, pero está bien”, invocó derrotado, anonadado y, sin más, se escabulló en el fondo, bien al fondo de su ego. El emperador no tenía ropa.

   “Mi administración ha conseguido más que cualquier otra en la historia de nuestro país”. Con su falsa declaración, atrás quedaron las verdades históricas: el esfuerzo titánico del republicano Abraham Lincoln (1861) en modernizar la economía, en abolir la esclavitud y en unificar al país; atrás quedó la acertada intervención del Estado en diseñar e implementar “El New Deal”, de Franklin D. Roosevelt (1933), para reconstruir al país después de la Gran Depresión; atrás, igualmente, quedó el Marshall Plan (1948), para sacar a Europa occidental (y expandir como imperio su zona de influencia y frenar la amenaza del comunismo) de la pobreza y destrucción, producto de la Segunda Guerra Mundial. En contraste, lo que vemos en Donald Trump es a un hombre pequeño, como un niño que le encantan los “hot dogs”, eso sí, caprichoso con alardes de heroicidad incomparable. El libro “Fear” (Miedo) del periodista investigador, Bob Woodward, lo confirma detalladamente: un improvisado que no está a la altura para el cargo.

   Y entonces llegó Evo Morales: su antítesis. Evo, el que no duerme en hoteles de Trump de cinco estrellas, sino bajo el de millones de estrellas. Evo, el que no vela por los intereses de la clase dominante, sino por los intereses de los pueblos dominados. A dos metros de distancia, Evo desnudó frontalmente al emperador y a su imperio de una historia que acarrea muerte, desgranándole, con dignidad ejemplar, unas cuantas verdades. “A Estados Unidos no le interesa la democracia. Si así fuera no habrían financiado golpes de Estado, ni apoyado a dictadores. No le interesa los derechos humanos, ni la justicia. Si así fuera, firmaría los convenios internacionales de protección de los derechos humanos. No amenazaría con intervenciones militares a gobiernos democráticamente electos como lo hace contra Venezuela …  y no separaría a niños migrantes de sus familias, ni los pondría en jaulas”. Hechos que son espinas y clavos en el cuerpo de un Cristo crucificado.

Como ahora lo vemos en Bolivia y en las argucias develadas en Ucrania para fines personales y perversos, la política exterior estadounidense, ahora ya sin disfraz, será llevada a punto de “zanahoria y garrote”. Zanahoria para los oligarcas, traidores lacayos tercermundistas, prontos a velar por los intereses ajenos, con rédito personal. Garrote y muerte para  todo aquel que no se alinee a los intereses del imperio. No que esto no sea la práctica de ayer o de hoy, la diferencia estará en que será brutalmente expuesto, sin sensibilidades ni protocolos diplomáticos. 

Luis Alfredo Castillo

Republica Del Banano