#ArticuloBananero| ¿La desigualdad promueve paz?

Hay una cruel realidad histórica: el negar las raíces de culturas milenarias y el admirar el poder que engendran los valores de otra cultura basada en la acumulación de bienes materiales.

La endémica discriminación racial del mestizo y mulato latinoamericanos hacia los indígenas y hacia los afro-descendientes, es destructiva y divisiva. La gran corrupción de aquéllos en vender su dignidad a cualquier precio, pensando que son mejor o superior, facilitándole al mejor postor el saqueo de su propio país, sólo los mantiene a flote mientras puedan seguir enriqueciéndolo. Es ingenuo creer que así se convierten en “amigos” y por ende, se empiezan a identificar con posesiones y anhelos ajenos. ¡Lo que sí queda claro es que se olvidan de sus raíces! No logran, en la construcción del contrato social, hacer sobresalir los atributos genuinos de sus ancestros semejantes a los del “bon sauvage” de Jean Jacques Rousseau. No logran rescatar su cultura milenaria que tiene mucho más de humanidad que las raíces de la cultura con las que quisieran asociarse. En la ansiedad de hacerse “bourgeois”, ni siquiera logran discernir el atrevimiento del extranjero en sobornarlos para que se presten a ese abuso. Es así que olvidan su historia e ignoran los héroes y heroínas de su propia literatura.
La total despreocupación por instruir y educar a todos, no solamente los que viven en las ciudades, los deja totalmente vulnerables. Este abuso interno que sigue existiendo en toda sociedad, pero especialmente en la latinoamericana, donde florecen la educación y la salud privadas, es la razón por la gran brecha y la pobreza que acarrea la ‘incultura’. ¿Por qué no pueden los latinoamericanos tener la misma calidad de vida que tiene cada uno de los ciudadanos en los países de la comunidad europea? ¿Acaso los niños europeos son más inteligentes que los latinoamericanos? ¿Acaso Europa es más rica en recursos naturales? La educación es un derecho que no debería tener exclusividades. A la par, debe ir el sistema de salud, ambas óptimamente financiadas en su totalidad por el Estado. De nada vale admirar a países como Finlandia, si no hace el mismo tipo de inversión.
¡Dejémonos de partidismos ni de excusas! El gobierno que: eduque a todos sin excepción, se preocupe e invierta en la salud para todos, modernice su sistema vial para que se proceda al movimiento de los productos agrícolas y demás recursos naturales, proteja al niño como al anciano, promueva igualdad de oportunidades para todos sin excepción de color, apellido, ni sexo, y equilibre con justicia y dignidad los derechos tanto del trabajador como del empresario, a ese gobierno no se le debería poner NINGÚN NOMBRE. ¿Por qué ? Porque la gente sigue encerrada en el vocabulario político-económico con definiciones anticuadas y fuera del contexto actual. Encerrada porque no se actualizan ni se molestan en averiguar lo benéfico de cada sistema. Se encierran en las mismas divisiones de izquierda y de derecha, de capitalismo, de socialismo y de comunismo. Acaso la afirmación de la vida: de eliminar el hambre, de ver por la salud, de organizarse para vivir en comunidad, de la factibilidad de lograr materializar la construcción de una solución justa, ¿se debe a una ideología? ¿Por qué no se deja la ideología para el final? Es decir, comamos primero en una forma digna, sentémonos respetándonos mútuamente, abramos puertas accesibles a todos los que merezcan penetrarlas, defendamos todos nuestros derechos sin excluir y … después…escojamos el equipo en el cual seguir vigilantes para mantener los principios básicos de TODOS : sin desprecio ni violencia.
Deberíamos desarrollarnos juntos para juntos enfrentar los retos que no están bajo nuestro total control como la globalización y el calentamiento del planeta. Cualquiera que fuera la pérdida en el estatus quo, pueda que le ofrezca una vida un poco mejor al vecino, y por lo tanto la tranquilidad a todo el país, entonces ¿por qué evadirla?… ¿por qué el grito por esta paz que se sigue anunciando en todos medios y se anhela desesperadamente?
Ese anhelo de tranquilidad nunca se vio tan claro como cuando los que nada tienen se pusieron a destruir todo lo de los “que tienen algo y por lo que tanto han dicho haber trabajado”. ¿Acaso no han trabajado también esas personas que ya perdieron su paciencia y han llevado vidas en la miseria esperando que se les tomara en cuenta? ¿Qué pierde el que nada tiene? ¿Por qué nos sorprendemos de que ya no les importe destruir lo que tienen los demás? ¿Quiénes de esas personas que temen por la seguridad de sus bienes, estuvieron defendiendo los derechos de los que más necesitan? ¿Qué resistencia le hicieron a las calumnias hechas a líderes o gobiernos que propusieron reformas para disminuir la brecha?
Ningún tipo de violencia debería ser aceptado, pero la pasividad cómoda y la indolencia en no participar o abogar por y para beneficio de todos es la peor VIOLENCIA … por ser silenciosa…hasta llegaría al extremo de llamarla cobardía. ¿Habrá mejor calificativo para una sociedad que se preocupa más por cómo se los menciona a los adinerados que por la falta de un plato de comida en casa de sus vecinos pobres? ¿Cómo llamaríamos a una sociedad que más se preocupa en defender y rescatar a animales de la calle mientras las iglesias cierran las puertas a seres humanos?
¿Por qué se acusan a líderes de crear el odio cuando los odiadores son los que no tolerarían cambios para los que necesitan, siempre y cuando, no tuvieran que cambiar su estilo de vida? ¡Pongan la mano en su conciencia y como buenos católicos que heredaron de la colonia y profesan ser, traten de encontrar la raíz de ese odio! “ No habrá paz con tanta desigualdad”, dice Pepe Mujica.
Si no se les entiende su clamor, habrá que de ellos aprender y mútuamente educarse para que se aprenda juntos a exigir los derechos con dignidad y sin recurrir a la destrucción de la propiedad pública ni ajena. ¡Pero hay que tomarlos en serio, no ignorarlos por el simple hecho de que son “incultos”en la lengua y en los sistemas convencionales de expresión que los demás aprendieron, por el simple hecho de poder tener acceso a europeizarse o a americanizarse. ¿Por qué resisten tanto los latinoamericanos en la redistribución de la riqueza? ¿Acaso no les es evidente que en las sociedades de menos desigualdad, hay más tranquilidad y por ende más seguridad?
Ana María Pereira-Castillo

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