#ArticuloBananero| El “Mecanismo” de la propaganda: somos prisioneros voluntarios 

    Hemos dejado de ser protagonistas conscientes de nuestra propia historia. Para conseguirlo se tuvo que fabricar nuestro consentimiento. Se nos persuadió que los eventos en la vida pasan fortuitamente; que la providencia divina otorga a cada uno su lugar: sea por herencia o mérito, sea por gestión personal o desdén, sea por buena o mala suerte. Sutilmente se instaló la sociedad global capitalista para subyugarnos en todas las esferas de nuestro convivir y, así, reducir nuestra capacidad crítica con el fin de hacernos dóciles, listos para acatar los designios de los opulentos. 

   La competencia, aducen los ejecutivos que diseñan el consenso social, es lo más natural de las cosas, refleja el orden biológico jerárquico de la vida. Con resignación aceptamos la idea que siempre habrán irrecuperables perdedores. Por tanto, contra corriente, no nos queda  más que enfrentar los avatares de la vida sobre la cancha inclinada. Lo que no sabemos es que imperceptiblemente las piezas han sido manipuladas para hacernos perder y para ellos llevarse el mayor porcentaje. He ahí la perniciosa concentración en ese indiferente 1% de los más ricos del planeta. He ahí la concentración del poder político. He ahí el diseño de las políticas públicas sesgadas para el bienestar de los pocos. 

   Asimismo, el “sálvese quien pueda”, no es más que la plataforma en donde la lucha por sobrevivir se gesta y que su resultado obedece al producto de nuestras acciones. Esto lo hemos aceptado como un credo. Lo hemos normalizado. Como resultado, si estábamos mal en el ‘sube y baja’ de las crisis económicas y políticas era porque nosotros mismos nos habíamos empeñado en perdernos; tanto por vagancia, como por haber sido seducidos por el placer inmediato de lo mundano; tanto por no haber previsto y ahorrar para el tiempo de las “vacas flacas”, como por no habernos regido por el compás de la perseverancia. Igual, si nos mal gobiernan se da porque nosotros mismo lo hemos permitido. Por consiguiente, es nuestra culpa: somos los “ingobernables”. 

Se entiende que en el mundo darwiniano, si no nos preparamos, pronto seremos parte de las legiones de los ‘desechables’. ‘Desechables’ que, por su auto gestión, no pueden ser parte del mundo tecnológico digital, pues las destrezas necesarias se han escapado de nuestro alcance. Y si se trata de zafarse de la creciente ola de innecesarios, el negocio de las guerras por doquier seguirán perpetrando el crimen.

   ¿Cómo es que, lisa y llanamente, hemos dejado que los ingenieros sociales construyan nuestras aspiraciones? ¿Cómo es que nos adoctrinaron? ¿Cómo es que nos embelesaron? Incautos dejamos entrar a nuestros hogares, entre otras formas de infiltración de vigilancia, las largas series de Netflix, las cuales, unas tras otras, nos distancian de lo que nos debería concernir: el manejo político. Nos adormecen. Nos hacen pensar en cualquier cosa menos en las estructuras del poder. Nos convencen que la gobernanza y el bien colectivo están más allá de nuestro alcance. Por tanto, psicológicamente estamos derrotados. La impotencia se enraíza y paraliza. 

Así es fácil gobernar al servicio de los opulentos: libre de contratiempos, a los que antes se tenían que confrontar con la fuerza militar. La dominación se entroniza sutilmente sin necesidad de ensangrentar públicamente a los rebeldes. Más efectivo es anestesiarnos y de forma subliminal darnos aires de bienestar falso. Como el circo y pan que los emperadores romanos descubrieron que era lo más eficaz para controlar al populacho. Y si es para movilizarnos en la disputa electoral, basta con desencadenar emociones de resentimiento, de proyecciones insatisfechas adormiladas del subconsciente. La lección es clara: a Jesús se lo declara rey un domingo y el viernes muere en la cruz. He ahí el poder del convencimiento. He ahí la eficacia de la propaganda.

   No nos dejemos engañar. Seamos resilientes. No dejemos que la fabricación del consentimiento campee. No dejemos que los apologistas de la competencia, los usureros del mercado, los fetichistas de dioses de aires desvanecidos, los arquitectos de estructuras perniciosas al bien común, orquesten el sin sentido que nos derrumbará en el intento de hacernos merecer una sociedad más justa.

Luis Alfredo Castillo

Republica Del Banano

Un comentario sobre “#ArticuloBananero| El “Mecanismo” de la propaganda: somos prisioneros voluntarios 

  1. La pobreza y la miseria es un león adormecido para las élites capitalistas y corruptas. Cuando se despierte este león, sabrán que nunca más podrán gobernar a su estilo mezquino y perverso. El pueblo sencillo y humilde necesita vivir dignamente y ser parte de un desarrollo sistemático y sustentable.

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