¡Otro Resucitado! ¿Que seguridad hay que los muertos y cenizas sean correctas?

“Gracias mi Dios por este milagro, por tener a mi padre con vida. Sería su clon al que vi muerto”, con este mensaje Laura Velasco dio a conocer, este 30 de abril, que su padre, Teófilo Velasco, quien había sido reportado como fallecido hace más de un mes, en realidad estaba vivo.

El hombre de 68 años fue reportado como fallecido, pero apareció vivo. Velasco ingresó al Hospital del Guasmo, sur de Guayaquil, el pasado 9 de marzo, tras sufrir un preinfarto.

Según ha relatado la hija del supuesto fallecido, cuando ella y su hermana Tania se enteraron de la ‘muerte’ de su padre, ella mismo ingresó a esa casa de salud a buscar el cadáver dentro de los contenedores. 

En entrevista con diario Expreso, Laura Velasco detalló que vio, en la morgue del hospital, un envoltorio de cadáver con una etiqueta que decía el nombre de su papá, el 6 de abril pasado. Según el personal del hospital, Teófilo había muerto el 23 de marzo.

Cuentan que vivieron momentos de dolor porque tampoco podía llevarse el cuerpo para sepultarlo. Ellas solo recibieron el acta de defunción y se resignaron.

Además, los nombres de Teófilo Velasco aparecían en el registro de los fallecidos. Ahora, en la página web coronavirusecuador.com, al ingresar el número de cédula del hombre ya no constan sus datos.Lo encontraron vivo en otra casa de salud. Un mes después de la supuesta muerte, Teófilo Velasco, quien recibirá el alta médica en los próximos días, apareció internado en la maternidad Sotomayor, centro de Guayaquil. Sus hijas no saben cómo llegó hasta ese centro de salud, nadie les aclara quien realizó el traslado.  Las hermanas Velasco no descartan denunciar a las autoridades de salud por el mal manejo de cadáveres dentro de los hospitales públicos. “Espeluznante”: el caso de mujer dada por muerta y que despertó El ministro de Salud, Juan Carlos Zevallos, calificó el sábado pasado de “espeluznante” el caso de una mujer hospitalizada en Guayaquil, epicentro de la pandemia de coronavirus, que fue dada por muerta en una confusión de identidad y que recuperó la conciencia. Alba Maruri, de 74 años, ingresó en el hospital con fiebre y problemas respiratorios el 27 de marzo, y horas después fue declarada muerta, según la familia de la paciente. Sus familiares recibieron luego de una semana un cadáver, que fue cremado de inmediato en medio de la emergencia sanitaria por el coronavirus. La septuagenaria despertó el jueves 23 de abril y el personal del hospital informó a sus familiares al siguiente día de que estaba viva.  Zevallos se refirió a lo ocurrido como “algo espeluznante”, durante una rueda de prensa virtual, y dijo haber pedido un informe a las autoridades del sanatorio. Maruri “había estado inconsciente durante tres semanas y por la locura del covid confundieron los nombres y la dieron por muerta”, contó el viernes su sobrino Juan Carlos Ramírez en redes sociales. El cadáver fue entregado por el hospital Guayaquil a Jaime Morla, otro sobrino. El hombre relató por teléfono el sábado a la AFP que acudió a la morgue y que a casi dos metros de distancia de varios cuerpos, por precaución para evitar el contagio del virus, señaló que uno de los que estaba de espalda correspondía al de su tía. “Me dijeron: allá hay una señora con todas las características” descritas para poder identificarla, apuntó Morla, de 39 años, anotando que “la señora que yo ví allí muerta era exactamente a mi tía, igual, estaba de espaldas”. “Me dio miedo de verle la cara, pero por las características, de espaldas, yo la vi”, señaló. Morla indicó que “el cuerpo estaba desnudo, sobre una bolsa negra, puesto un pañal” y que “luego se cerró la funda. Inmediatamente lo metieron en el ataúd y de allí a la carroza para llevarla a la Junta (de Beneficencia de Guayaquil, que dispone de tanatorio) a la cremación”. En el trayecto, Morla hizo una parada en la casa de Maruri, donde también vive su hermana menor Aura. La hermana, quien contó a la AFP que mirando el auto fúnebre y llorando “le dije descansa en paz”, conserva el cofre con las cenizas de una persona sin identificar. “Lo tomé y lo llevé a su cuarto, le recé todos los días”, añadió.

Fuente: Vistazo, República del Banano

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