#ArtículoBananero| ¡Cómo me dueles Carondelet! Por Luis A. Castillo

Carondelet: el Palacio de los “fantasmas”. Cuando tenía 14 años pude entrar al Palacio, mi hermano era guardia de la última Escolta Presidencial de Velasco Ibarra, elegido por quinta vez. Era un Palacio cerrado para el ciudadano, el mismo ciudadano que había elegido a su presidente. Décadas más tarde, llegó el también desconocido Rafael Correa y lo abrió para sus legítimos dueños. También fui a visitarlo. Allí pude ver las hermosas joyas en exhibición y el ambiente del Palacio se lo sentía acogedor, blanco y austero. El ciudadano, después de hacer fila y de hacer una corta espera, se identificaba ya no con el tenebroso y lúgubre Palacio, sino con el Palacio del pueblo.

Hoy Carondelet se exhibe acordonado, con vallas y alambre de púas. El aspecto penitenciario o de inédita dictadura marca la distancia de un “nosotros contra ellos”, de un severo rompimiento de la confianza antes prometida, de un miedo latente de que los nuevos “forajidos” inconformes se levanten un día menos pensado y obliguen a los que traicionaron su palabra a rendir cuentas por su ineptitud y traición. Ya ocurrió en la revuelta de octubre del 2019. Recordemos que el dirigente de la Conaie los enrostró y les dijo a los ministros de Estado de que son “ministros vagos”.

Hoy Carondelet está mudo, con ‘presidente’ fantasma y azotado por la altísima desaprobación (95 %). Es un presidente abucheado, apenas su sombra aparece entre los mortales. Es un presidente que continuamente ha mentido en anuncio tras anuncio. Lejos han quedado las demagógicas promesas de representar y de ser obediente para responder y dar solución a las necesidades del electorado. Los mismos que ahora son tratados como descartables, chusma, zánganos y vándalos.

¿Qué pasó con los inquilinos de Carondelet? El poder delegado los endiosó. De ahí, hicieron lo que se les vino en gana. Abandonaron el compromiso en el que ellos fueron delegados por los mandantes. El resultado está a la vista de todos. En vez de cumplir con la función de servir, auto considerándose de que de ellos emana el poder, han devenido en verdugos, tanto con balas, bombas lacrimógenas caducadas, heridos, muertos, detenidos y persecución política, como por las balas de la pobreza, del desempleo, de la inseguridad social, de falta de medicina, de falta de oportunidades para estudiar; en suma, de la descomposición social, la cual no podrá ser borrada del imaginario colectivo con lavados de imagen o no. El dolor, el sufrimiento, la injusticia, la indolencia y la corrupción serán cicatrices permanentes.

¿Por qué tanto miedo? Porque cada día la verdad reluce. Nos han engañado. Nos engañaron para montar el atraco. Atraco vestido de una duplicada deuda externa, de la condonación de deuda de 4500 millones de dólares, de los millonarios precios de los ministerios, del reparto multimillonario de hospitales por votos, del reparto abusivo del poder, del reparto ambicioso de los sectores estratégicos, y para colmo, del vergonzoso reparto de carnets de discapacidad. El reparto, camuflado en “diálogo”, es la obra magna de Lenín Moreno, es el patente esfuerzo de dejar el país en ruinas.

A partir de mayo del 2021, con Andrés Arauz de presidente, el Palacio de Carondelet deberá nuevamente abrirse para el mandante soberano. Desde ya, las joyas millonarias deben regresar al lugar de donde se las sustrajo. Y nuevamente volverá a ser el Palacio del pueblo, sin murallas, sino soberanamente estoico e históricamente resplandeciente, con sus muros sólidos y blancos, en contraste con el cielo azul celeste y profundo.

Luis Alfredo Castillo

Articulista

Prensa República Del Banano

3 comentarios sobre “#ArtículoBananero| ¡Cómo me dueles Carondelet! Por Luis A. Castillo

  1. ¡Cuánta historia que se vive por todo el continente! ¡Ojalá se aprenda algo para seguir dando esperanza a los que pacientemente esperaron tanto clamando justicia! Si los cambios políticos repentinos y la pandemia no nos han enseñado nada, nos queda hacerlo con una educación a todos niveles, desde la guardería al asilo, porque no creo que ningún ser humano sea tan bruto. Justicia, basada en presunción de inocencia, oportunidad sin exclusiones y conceder el mismo respeto que quisiéramos que se nos lo ofreciera.

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