#ArtículoBananero| Moreno: diario de una muerte anunciada Por Luis A. Castillo

Moreno ya es un hombre muerto, no solo porque su espíritu no es ni la sombra de la que un día fingió ser, sino porque la historia lo apuntará con el dedo del olvido, para nunca más tener a un presidente que asalte y desobedezca la voluntad popular. No solo por habernos llevado al desastre en el que nos encontramos, sino porque sobre sus escuálidos hombros lleva la pesada hipoteca de haber aceptado el encargo presidencial para el cual nunca estuvo apto.

Ya conocemos la cara del abismo, solo nos resta escribir el epílogo, el mismo que muy pronto dará razón detallada de la traición que se le avecina de sus propios traidores. Será, eso sí, un bullicio disonante de apuntadedos. Será su anhelo profético cumplido: “En Ecuador no tenemos presidentes presos…, pero no hemos perdido la esperanza”. Será un desfile de desvergonzados comedidos, culebras listas para morderse su propia cola.

¿Qué queda después de cuatro años de una boca deslenguada? Los pasos sonámbulos de un diario desprolijo de un traidor, quien no acertó en nada para el beneficio del país, peor aún para el más necesitado. Un diario de una metamorfosis sinuosa de un prototipo de engaño incomparable. Llegó al poder con su sonrisa socarrona, abusando de la confianza dada para que dé continuidad al proyecto de la Revolución Ciudadana. Llegó con iras represadas, listas para ser lanzadas contra la misma ciudadanía que le dio el voto. Maquinó con premeditación la persecución brutal contra aquellos que antes había llamado amigos. Desbarató, lo que más pudo, aquello que pretendía defender. En suma: “vino, vio y destruyó”.

Contamos las horas que llegue el día de su partida definitiva. Ya se avecina. Atrás quedará el peso de su traición, el peso de las promesas de campaña no cumplidas, la deshonra de haber gobernado comprando conciencias con dólares en fajos, contantes y sonantes, la soberbia de acólitos en el uso indebido de los bienes del Estado, la indiferencia ante el dolor, los 11 muertos, la represión desproporcionada, el desprecio consecutivo por la Constitución. Un Guayaquil que se convirtió en cadáver abandonado; un exministro de economía que rescató a dueños de bonos y que, al tris, sepultó a 40 mil ecuatorianos; una consulta popular ilegal del 7 veces Sí, que ganó, con cancha inclinada, a cambio del abominable trueque de hospitales; en fin, es la magna obra de Moreno, que de un horizonte de esperanza se ensombreció en infierno para los más pobres.

Su partida será la de un “presidente” parapeto que en realidad nunca gobernó, y que se dejó llevar por la avaricia de un puñado de embaucadores. Para colmo, que no nos sorprenda que, cuando el Morenato llegue al ansiado fin, los transitorios y pescadores de puestitos saldrán a decir que por el bien del país sirvieron en el gobierno, o que de lo contrario, hubiese sido mil veces peor. ¿No será de condecorarlos? ¡No faltaba más!

Luis Alfredo Castillo

Articulista

Prensa República Del Banano

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