#ArtículoBananero|Los humildes somos semilla y somos más Por Luis A. Castillo

Me senté en el sillón para ver la barrida de la derecha al tacho de basura. Vi que anduvo ensimismada en su propio laberinto de identidades maquilladas, de facciones reconstruidas, pero al final, de tanto estirar y trastocar, las arrugas le quedaron peor que antes, esto es, una caricatura. Y es que en cada contexto de campaña electoral se la ha visto reptando por todo recoveco, tejiendo inadvertidas relaciones sociales que le fueron infructuosas; justificando y defendiendo su cansino relato de la desigualdad, cuyo contenido hasta ahora le ha servido para dar razón de su posición social. Es una tarea ardua de constante vigilia. Pues, mantener la apariencia y perseverancia de clase —de sentirse superior— debe ser agotadora.

La derecha anduvo vestida de hipocresía fingiendo solidaridad con el pobre, en medio del tardío desespero, tratando de persuadir a los que teniendo oídos no escuchan. Pues, el pobre no come cuento, bien sabe que solo frente a la urna decretará. Si le viene un tanque de gas, ¡que venga!, uno que otro caramelo chino robado, ¡que venga! Solo tiene que escuchar y recibir. La derecha anduvo refundida en territorios de humildes, allá por esas calles descuidadas llenas de polvo. Allá por esas empinadas topografías abandonadas. Allá por esas casas destartaladas de dueños o de arrendatarios de rostros cobrizos, curtidos, adormecidos de tanta pobreza. Allá por esos barrios sin patria, de promesas incumplidas, de geografías que no cuentan en el “modelo exitoso” neoliberal, pero lo suficientemente lejanas, bien lejanas, para que el panorama estético del pudiente no sea ensombrecido, ni que llame a su conciencia, si algo le queda. Hoy vemos, después del aplastamiento en las urnas, que la derecha nunca quizo escuchar. No escucha porque el bienestar colectivo no le conviene.

Al parecer, su pasatiempo es el rompecabezas de viajes por Europa o por Washington. Regresan transformados. Ningunean al que se les cruzan y al tris los desafortunados se les vuelven seres inferiores. Su nueva resolución es comportarse al gusto europeo. Listos llegan para imponer valores y creencias petrificadas del “yo conquisto, tu obedeces”, del “yo soy, tú no eres”, al remedo del “¿a que tú no sabes quién soy?”. Y así van desvalorando lo autóctono con palabras vaciadas de contenido. Se suben al altar, montan al banquito para elevar su estatura, carraspean y la cantaleta se desata. Que somos plebeyos ignorantes, que queremos que el Estado nos dé la teta, que si votan por Arauz los despido, que mi madre y los de mi clase tienen que ser vacunadas primero, que no se debe pagar la educación para el pobre, que la educación no es un derecho humano, que los pataalsuelo son inferiores de sangre, indios sucios, vagos de creatividad, irresponsables de amor propio, ignorantes y borregos del caudillo. Que Arauz, el desconocido, no sirve ni para el banquillo, peor para presidente.

En el curso de esta campaña electoral a la derecha la hemos visto desnuda. Vestida en hipocresía cundía por todo lado. Y era fea, con voz decimonónica que dio fe de valores ya superados en la realidad del 2021. Ha sido representada por universidades privadas, por empresarios nacionales, por insepultos sacerdotes neoliberales y por los infaltables glotones del sector financiero. Todos juntos, — como voceros avinagrados de su ideología de superioridad — , resultan anacrónicos, racistas, clasistas, misóginos… y ralea de indiferentes de baja monta. Todos juntos resultan ser un surtido de posturas adefesiosas sin fundamento que más sirven para mostrar su inseguridad, su pedantería, su vacuidad, su mala fe. En su soledad, saben en su fondo que nunca podrán ser lo que ostentan ser. O sea, se quedan huérfanos.

Ante esta triste realidad, ante esta triste payasada, las encuestas consecutivamente no se desviaban en dar testimonio de que Correa era imbatible. Cuando prendieron la alarma, ya era demasiado tarde, o sea, nunca entendieron que al sumar nuestra voluntad: el uno se hizo dos, los dos devinieron en miles…, y los miles…: ¡en millones! Millones de conciencias dignas que no perdieron su brújula, que anunciaron su presencia histórica el 7 de febrero pasado.

Por lo tanto, la derecha no regresará. Llorará y llorará sobre lo irreparable. Ha perdido credibilidad. El ejercicio del poder le está más lejano que nunca. Porque esta vez no habrá traición. No habrá ventana que el traidor habilite para que los de cuna se encaramen, sino, pregúntenle cómo les fue a Lasso, a Sonnenholzner, a los teletubbies, a las juntas de notables y granel de pedigüeños.

A la derecha se le cantó a pecho abierto que Correa ya no es en sí el hombre de carne y hueso, ya no es en sí responsable de la leyenda que el imaginario social ha construido, armado con la metáfora del correazo. Correa es la Revolución Ciudadana. Arauz es la Revolución Ciudadana. Son la encarnación de la voluntad popular. Los necios no entendieron, ni entenderán. Señores y señoras,  ¡qué liviano nos sentimos al caminar por el lado correcto de la historia! Es fácil: los humildes somos semilla y somos más.

Luis Alfredo Castillo

Articulista

Prensa República Del Banano

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Francisco Moreta dice:

    Entendamos que esta sociedad ya cambio, no se deja sorprender por las palabrerías ni las falsas promesas, UNES se dedicó hacer territorio a recorrer las ciudades, parroquias , cantones ,recintos y a platicar directamente con el ciudadano/a de a pie, ver sus necesidades, mientras la derecha se dedicó a tumbar al correísmo por medio de la tecnología y echar pestes contra Correa, se equivocó , los misiles ya no son contra éste líder , ahora son millones que pertenecen a LA REVOLUCION CIUDADANA que es un proyecto exitoso durante 10 años.

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