#ArtículoBananero| Ecuador siempre fue un país dividido: con rejas y muros Por Ana M. Pereira-Castillo

En enero de 1997, después de un largo vuelo, nos tocó a mí y a mis hijos, otro larguísimo viaje de 13 horas desde Guayaquil a Loja. Se prepararon para una aventura, pero jamás se imaginaron las contrastantes diferencias: el agobiante calor de la costa; la visible inseguridad que les prohibía entrar a una tienda para comprarse una colita, consiguiéndola solo después de pagar por ella en una cajita amarrada en la extremidad de un palo, extendido desde el interior a través de una ventana enrejada; una desgarradora escena de un hijo adulto postrado en una camilla ambulante, visiblemente discapacitado, acompañado de su madre que vendía caramelos; y, niñitos de su edad mendigando. ¡Qué panorama Dios mío!  

Al llegar a nuestro destino, ya de noche, nos recogió acogedoramente nuestra familia en una ciudad de apariencia austera, con tiendas y casas escondidas detrás de muros. Hasta los automóviles había que encerrar a llave. Pronto nos acostumbramos a lo que la ciudad nos ofrecía, pero aprendimos cuán privilegiados éramos. Una cómoda buseta escolar los recogía y los traía de su escuelita privada del otro lado de la ciudad, de la misma orilla donde recibía mi hijo su clase de piano. Hacia el norte, y más distanciado, tenían sus clases de natación. A pesar de la barrera lingüística, mis hijos no sufrieron choque cultural. Tanto su escuelita como su entorno extracurricular, no le pedía ningún favor al que estaban acostumbrados en su país.

Yo me sumergí en la ciudad, caminando de norte a sur, de oeste a este, observando y participando en varias instituciones educativas, entrando y saliendo de mercados, de tiendas y de cafés, de librerías, de iglesias y de instituciones públicas y bancarias. Después de haber vivido, estudiado, trabajado y viajado por cuatro continentes, esta ciudad me olía a una tremenda división, típica del mundo subdesarrollado, tanto en las personas, como en sus hogares y sus instituciones. Si del odio no se hablaba abiertamente, se lo sentía en el desdén con el que se había acostumbrado el señor que hacía la cola esperando pacientemente su turno, o la señora que se callaba cuando el policía le gritaba en la calle, o la estudiante adulta profesora en el día, y por la tarde, tratando de seguir superándose en el ciclo doctoral, humillada por su profesor.

Las personas humildes parecían adormitadas. Caminaban cabizbajas y sin prisa como si no tuvieran rumbo. Yo diría que sufrían una resignación endémica como condenados a seguir con ese ritmo de vida, y, un autoestima demacrado por su Historia. Ciudadanos de un país petrolero, rico en minería y agricultura, en fauna y flora, pero miserablemente condenados a aceptar el sufrimiento determinado, por los que por ellos decidieron su lugar en la Tierra. Hasta la Iglesia contribuía a esa resignación sórdida y aparentemente pacífica. Después de todo, siguen predicando que “ bienaventurados son los pobres en la tierra porque alcanzarán el reino de los cielos”. Por otro lado, conocí a otros ciudadanos, gente calurosa y amable, hombres, mujeres y niños con un caminar erguido y decidido, con un aire de pulcritud y de alta autoestima, como si todos los días tuvieran una cita importante a la que acudir, como si fueran los dueños de su distinguido destino.

Veinte años más tarde regresé, y además del desarrollo aparente en infraestructura, que rápidamente me llevaba a cualquier parte con puntualidad y eficacia, me deparé con una conciencia ciudadana despierta, como si los resignados hubiesen recibido una inyección de autoestima, un despertar que inevitablemente empezaba a asustar a la minoría. Con el despertar de la mayoría, empezaban a sufrir los que temían tener que acostumbrarse a compartir el país según otro modelo.

El sufrimiento de los que antes eran invisibilizados, empezaba a dar paso a la expresión abierta del mismo. Los pobres ahora hablaban porque alguien les abrió los ojos a su verdadera Historia. Se dieron cuenta de que tenían derechos, los mismos que habían observado tener a los pudientes. Se daban cuenta de que la Historia los había mantenido incultos, mal informados y engañados. La gente humilde no “será más pobre y engañada con migajas” de lo que ya han sido en toda la Historia de la República. A veces se expresan con léxico que les causa malestar a los oídos de la minoría, quienes se ofenden a ser descritos de ricos. No se equivocan los pobres : aquéllos son, si no ricos, seguramente privilegiados; caso contrario, no se podría explicar la gran brecha socio-económica.

Gracias a la prensa, que nunca se preocupó por inyectar autoestima en la mayoría, ni en enseñarles sus derechos ni obligaciones, ni en difundir la riqueza del país y cómo se la manejaba, ahora se dedican a difundir el terror con sus cuentos y chismes. La prensa no podrá “ insertar más odio y división a la sociedad “ de la que ya había hecho. Sin embargo, no logró cambiar la determinación del pueblo en votar por los que lo han defendido políticamente. Ese “muro” erguido desde hace décadas, tendrá que ser derrumbado para el bienestar de todos. Habrá que dejar de comparar el destino de países vecinos atropellados por embargos económicos de potencias mundiales con un Ecuador por conocer y recuperar.

Ahora con redes sociales, ya no se pierde el hilo de la perspectiva de que todos tienen derecho. Ahora el sufrimiento empieza para la minoría. ¿Por qué será el sufrimiento? Tal vez… porque creen que ¿perderán su lugar en la sociedad? O ¿será porque tendrán que compartir las mismas oportunidades? ¿Será que la prensa les ha hecho creer que verdaderamente van a: “ser gobernados por delincuentes disfrazados de partido político” de los “que deben mucho a la guerrilla y al narcotráfico”? Todo este sufrimiento, basado en cuentos soplados por los micrófonos “prestigiosos” de la prensa. Sufro por las personas que sufren, creyendo en conspiraciones parecidas a las de QAnon. Así se crea falsa y sistemáticamente un odio basado en mentiras. Sin haber visto pruebas contundentes, difunden ideas fabricadas para perjudicar, con tal que logren dividir y conquistar, a fin de mantener el statu quo. Se ganan un “rebaño de borregos” mal informados. Ya se escucha el injustificable terror al cambio, hasta por redes sociales.

¡Dejen de sufrir! ¡No sufran! ¡Sufran y exijan cuando todos los “ancianos no [ ] [tengan] una vejez digna”! ¡Sufran y exijan cuando no haya Estado de Derecho! ¡Sufran y exijan cuando les quiten la soberanía nacional en favor de beneficios políticos privados! ¡Sufran y exijan que los recursos nacionales no sean explotados por ninguna potencia a expensas del pueblo! ¡Sufran y exijan cuando no haya profesionales competentes y dedicados en la educación, en la salud, en las instituciones públicas!

¡Apoyen con perseverancia al binomio que gane! ¡Comprométanse participando para que Ecuador logre sobrepasar la tremenda crisis sanitaria y económica que también se atraviesa mundialmente! Los retos son enormes. El éxito del nuevo gobierno no depende solamente de la capacidad de manejo de los que gobiernen a cabalidad y con transparencia, sino también de la participación de cada ecuatoriano en unión y sin odios.

Ana María Pereira-Castillo

Articulista

Prensa República Del Banano

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Holger Lara dice:

    Muy bien narrado y enfatizado de lo que realmente represento el proyecto político de Correa. con la tremenda diferencia de un antes (indignidad) y un después (dignidad). Prohibido olvidar!!

    Le gusta a 1 persona

  2. benjamín dice:

    Excelente su comentario Sra. Ana María Pereira. Felicitaciones. Siga adelante Ud. nos sube los ánimos. Gracias

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s