#ArtículoBananero| Fue un crimen macabro. ¡Qué nadie se lave las manos! Por Ana M. Pereira-Castillo

Adentro de las cárceles, se organizó y ejecutó un crimen. Se permitió la conectividad con celulares individuales. Se cerraron los ojos a la entrada de todo tipo de armas, incluyendo motosierras, con tal que los asesinos pudieran desmembrar, decapitar, sacar corazones y ojos, usurpando la vida de la manera más cruel e inimaginable. ¡Fue un crimen macabro!

Afuera, desde los desgarradores gritos de impotencia y ríos de lágrimas de una madre, de una hermana, de una esposa, de una hija, todas y cada una de ellas indefensas, se lamenta ahora toda una nación. Si nación es el lugar de nacimiento, el terruño en el que a través de los dolores de parto de cada madre se van dando a luz a los futuros ciudadanos, también la patria debería llorar lágrimas de sangre por las pérdidas de esas vidas encargadas al gobierno que inobserva las leyes, y carece de decencia, de humanidad.

Parece que el que decide todo y más grita en la sociedad ha sido ejemplo a copiar por los que han logrado rango delincuencial en las instituciones presidiarias. Han logrado de igual forma segregar y desechar. Se ha enquistado en la cárcel, lo que observamos en los mandamases de la sociedad, la irreverencia hacia la vida. Se ha codificado la vida de un ser humano como cosa descartable. Han vuelto a victimizar a sus propios hermanos víctimas sin distinción de clase ni color, simplemente por poder gansteril y/o venganza. ¿Serían todas las nuevas víctimas culpables? ¿O habrían entre ellos hombres inocentes? ¿Acaso por cualquier crimen que se haya cometido, el malhechor pierde sus derechos humanos?

“Un país se lo conoce por cómo trata a sus presidiarios”, dijo Mandela. ¿Por qué sorprenderse, entonces, de las injusticias aplicadas inconsistentemente en Ecuador? Hay un ex vicepresidente preso por las deshonrosas “fuerzas de las circunstancias” y que hasta hoy, después de cuatro años, todavía no se han presentado pruebas contundentes de lo que lo acusan. Nada menos, es el ingeniero de las hidroeléctricas, el que promovió y gestionó el cambio de la matriz productiva. Es un hombre decente y bueno, de salud delicada ahora agravada por la infección de Covid-19. Sin embargo, a otro ciudadano joven que poco se sabe sobre su ‘problema de salud’, lo mandan a su casa. ¿Esto es humanidad? ¿compasión? ¿justicia?

¡No me hablen de que los presos son horrendos criminales! Son fruto de la sociedad en la que crecieron, son semillas segregadas a crecer en tierra infértil y sin agua; fueron formados por el país que los educó, según los gobiernos por los que sus conciudadanos votaron; son el producto de las milenarias abismales diferencias socio-económicas. ¡Háblenme de que por cada preso hay una madre detrás que llora y que su rostro desnudo nos convoca a hermanarnos en su dolor! Los 79 asesinados son muerte monstruosa que habla mucho de su nación. No fueron muertos, sino seres humanos encorralados como animales y asesinados a sangre fría. ¡Fueron asesinados!

Ana María Pereira-Castillo

Articulista

Prensa República Del Banano

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