#ArtículoBananero| Entre miedos, banqueros, pactos y justicia divina Por Luis A. Castillo

Estimados lectores, debido a la vigencia que aún guarda este artículo publicado en agosto 2019, he decidido volver a publicarlo. 

Lo fundamental no es ser justo, sino parecer serlo. Lo último, en el “teje y maneje” de la política, siempre ha dado réditos políticos. Siendo así, resulta risible ver cómo arman el sainete los honorables de la “sapada criolla”, neófitos de la sinvergüencería, porque de lejos se nota la patraña. “¡No don Diego!, es más alto”, afirma el banquero, cuando entre compinches de malanochados confiesan que el apoyo a Correa va por encima del “25 %” (…) “¡Un poquito más alto!”( …) “28…“ ¡un poquito más alto don Diego!… Entonces… ¡perdieron!

El diálogo se desdobla. La no tan buena noticia deja un sabor amargo, pero es “una realidad” que hay que encararla con ansiedad o resignación estoica. Es una realidad. Correa mantiene su “capacidad competitiva”. Y… don Diego, pobre don Diego, se desaira, encoge los hombros al escuchar la mala noticia y, ante el miedo de tal presagio, tira su cuerpo hacia el costado y con gesto de derrota, de “no puede ser”, sus manos cambian el orden de papeles. ¡Chuta!… He ahí el dilema. Si vuelve Correa…, ¡ay si vuelve Correa!… los aires de libertad…, no les va a “alegrar mucho”.

Ya no pueden negarlo, el correísmo no ha muerto, al contrario, ha crecido contra viento y marea. Está enraizado en el corazón del pueblo. Desde este punto de vista, en suma, la obra de Rafael Correa es visible: su relación cercana de convivencia, ese tú y yo, ese Rafael es “mi pana”, es el cholo, es el montubio, es el indígena que habla Quechua, es cumbia, es salsa, es un buen sabor, cebiche, hornado, caldo de manguera…, cuya psicología los contertulios en la radio no podrán entender, así se vistan de plomeros. La vanidad, al parecer los encumbró demasiado y ya no pueden regresar. ¡Cómo quisiera el banquero tener en sus manos un smartphone para tan solo teclear y, zas, enarbolar el espíritu del pueblo con ímpetu arrollador.

Por su parte, el banquero, el predicador y “experto en ‘economía política’, amonesta que él ya había objetado la idea de “neutralizar” a Correa políticamente (léase, guerra judicial sin tregua) y que cuya estrategia no daría resultado. Aún así, confiesa que estaban empecinados “aunque les cueste en la economía, es decir, inducirla  a un mal manejo. ¿Y el costo social? Ahora, como un ‘adelantado’ de vista 20/20, después del descalabro, reitera que el ataque hubiese tenido mayor éxito en “neutralizar” a Correa si se hubiesen aplicado sus políticas económicas, ligeras y a tiempo, como en días anteriores declaró en radio Pichincha.

Hoy el barco se está hundiendo, como en Argentina, y Ecuador necesita un salvador. ¡Qué nos enseñe la quiromancia de cómo los banqueros hacen dinero, contante y sonante, en una economía que está en receso!
Es hora que el banquero, quien aprendió a hacer dinero, como los músicos se vuelven virtuosos con el tiempo, se baje de la camioneta para auto proclamarse el elegido a ser el salvador de la economía ecuatoriana. Es hora de desmarcarse de Moreno: sabe, porque no se puede mentir a sí mismo, que tanto él como Nebot, son, en lo mucho, los directos arquitectos de la inoperancia de este régimen, y en lo poco, son los responsables alcahuetes del presente desastre económico y del que se avecina.

El banquero, por su parte, con cara dura, ya repudió contra la política económica de Moreno que él mismo aupó y, finalmente, pactó. Es decir, para ser más claro, carga consigo doble fracaso: el de Mahuad y el de Moreno. Nebot está en camino. Parece que el traidor ha sido traicionado. ¿Justicia Divina?

Luis Alfredo Castillo

Articulista

Prensa República Del Banano

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Ana María Pereira-Castillo dice:

    Mientras sigan subestimando el poder de un líder genuino como lo fue y sigue siendo Rafael Correa, más esperanza tiene el pueblo de que otro presidente de semejante índole los ayude a salir del subdesarrollo. Increíble cómo la minoría que vota por la derecha no se haya dado cuenta de que la mayoría de los presidentes que ha tenido el Ecuador no han sino mantenido abismales injusticias. ¿Cómo pueden esperar seguridad en una sociedad con tanta disparidad?

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