#ArtículoBananero| Infamia: herramienta de la politiquería Por Ana M. Pereira Castillo

El mundo está acostumbrado a distinguir entre la prensa seria y la barata, la que vive del sensacionalismo. La que fácilmente se escucha mientras uno se mueve de un lado al otro, o que se lee mientras uno espera ser atendido en una cita médica; ese tipo de prensa que desafía sin dignidad, y se expone atrevidamente a que las víctimas de sus palabras, chismes y cuentos, les siga su debido litigio. En algunos países esta práctica del litigio no es llevada a cabo regularmente por falta de recursos económicos, y por la necesaria energía personal y desgaste emocional que requiere por parte de los afectados. Si sigue obrando en la impunidad y no no se la para, seguirá sembrando cizaña y odio.

En Ecuador, la prensa difamadora no está acostumbrada a responsabilizarse por lo que dice y escribe. Caso contrario, no consideraría el litigio por difamación como si fuese lo mismo que falta de libertad de prensa, ni tampoco calificarían de “venganza” cuando el ciudadano deshonrado los lleva ante la justicia a fin de limpiar su nombre. ¿A quién le gustaría ser juzgado y condenado públicamente cuando se usan armas sucias que pueden ser letales? Si solo pueden defenderse pronunciando mentiras y elucubraciones, tal vez es hora de buscarse otra profesión, dejando el periodismo a los debidamente preparados para ello con, o sin su propio sesgo. Proyectar su sesgo con hechos y opiniones está totalmente correcto; pero, usar una arma sucia para desacreditar y manchar, es inaceptable y, de lo más mezquino y vil. ¿Acaso la verdad es menos importante que los intereses económicos que defienden?

Caso puntual. En la entrevista hecha al Dr. Pabel Muñoz, se ve claramente que la intención del entrevistador no es de informar a la ciudadanía sobre el plan de gobierno de La Unión por la Esperanza (UNES), porque hasta él mismo dice que ya estuvo Andrés Arauz respondiendo detalladamente a sus preguntas. Entonces su invitación a Pabel Muñoz no fue sino para emboscarlo, tratando de posicionar la idea de que Rafael Correa vendría con una lista de nombres para vengarse. Cuatro veces el Dr. Pabel Muñoz le respondió que eso no formaba parte de la política de gobierno de Arauz/Rabascall. Pero, el entrevistador seguía con la suya, y a tal punto que, Pabel Muñoz terminó diciéndole, con toda delicadeza, que si fuera para hablar de lo que durante la entrevista pretendía, no se la habría aceptado. La justificación que el entrevistador daba por hacerle esa pregunta continuamente, era la misma y obsesiva: “que por estar a diez mil km no podría hacérsela al ex Presidente”. En un mundo súper conectado, si tanto deseara una respuesta a esa inquietud, podría hacérsela directamente a Rafael Correa, quien no está escondido en ninguna cueva.

A este entrevistador y a cualquier otro miembro de la prensa y de la ciudadanía, todo el/ la que propague cualquier tipo de difamación, debe ser responsable por lo que dice e insinúe. Vuelvo a repetir lo que escribí en mi artículo anterior: nadie tiene el derecho de manchar la dignidad de otros, peor sin pruebas y/ o con montajes y cuentos orquestados con la exclusiva intención de hacerle daño a otro, ni aún que sea para beneficio del autor de esa maldad , y/o para el de un sector en particular. ¡No se trata de venganza! Se trata de hacer responsable al autor o autores de esas palabras y/o insinuaciones.

La difamación se vuelve ‘normal’ cuando los miembros de la prensa son un mal ejemplo para la ciudadanía que cree en ellos. La continua repetición va penetrando la psiquis. Esto lo puede decir cualquier experto en el poder que ejerce la repetición en nuestro cerebro. Ese es el propósito de la prensa, y un pasatiempo para los que les gusta hablar de la vida ajena. Causan inevitablemente mucho daño, y no hay que olvidar ni perdonar sino hacerlos responsables con lo que dicen y/o escriben. ¿Quién no tiene una lista de difamadores que deberían dar pruebas de lo que han dicho y escrito irresponsablemente? Hay que silenciar con todo el poder de la ley y la justicia imparcial. Si no se extrae el cáncer del cuerpo humano, seguirá esparciendo hasta que se acaba la vida. Además de ser vergonzoso para el ciudadano pensante, se vuelve un verdadero cáncer político y social todo este odio y maldad, una ‘enfermedad’ que se puede y debería erradicarse. Sería una más de las tantas injusticias permitir que se quedara impune cualquier difamador.

Ana María Pereira-Castillo
Articulista
Prensa República Del Banano

Un comentario Agrega el tuyo

  1. benjamín dice:

    Excelente comentario Sra. Ana María Pereira estos periodistas, no todos están acostumbrados a echar lodo sobre personas honradas.

    Me gusta

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