#ArtículoBananero| ¡A votar… las mujeres somos más Por Ana M. Pereira-Castillo

No sé por qué me desilusioné tanto al escuchar una mujer decir que no le representaba el candidato de la derecha como mujer pero que … todavía no se definía. Espero que al no votar nulo, y al no sentirse representada por ese candidato, considere seriamente lo que acababa de aseverar. Lamentablemente repetía y repetía, como una caja de resonancia, el discurso machista del patriarcado. ¿Por qué todavía no logramos llegar a la raíz del problema que compartimos con nuestras hermanas vulnerables y ayudarlas, en vez de titubear, y así asumir nuestra responsabilidad en acelerar el cambio, escogiendo al candidato progresista en su plan de gobierno, al que dejaría el patriarcado atrás, presentando una alternativa de esperanza hacia algo mejor en sus políticas de Estado.

Si una mujer no se considera representada por X candidato o partido, es de que siga analizando de qué otra forma o, mejor aún, qué gobierno podría representarla. Seguramente aquel candidato que no la representa como mujer, no la representará como ciudadana en el desempeño de su labor (a no ser que “se tunee”) ni como madre, porque no defenderá los derechos de sus hijos a una educación pública de excelencia; tampoco la defenderá como hija, cuyos padres tendrían que acudir a una clínica privada para mejor cuidado y atención. ¿Acaso podremos separar nuestra identidad de las distintas facetas de la vida? ¿Acaso no tenemos suficiente historia de lo que hemos significado “solo ser “ mujer compañera, mujer madre, mujer hija? ¡No sigamos buscando justificaciones para seguir viviendo como quiere el patriarcado! Desafortunadamente, sí hay entre nosotras las que obviamente comparten esas políticas. Su mundo está completo por todo lo que le ofrece su situación económica o social. Tiene su derecho a escoger estar con la minoría que cree en esa vieja y ya desmentida “libertad” económica. Pero entonces, no digamos que “Lasso no me representa como mujer pero… “ ¿por qué nos quedamos solo en la superficie de la objetivización? ¡Escarbemos hondo y lleguemos a las raíces que nos han estancado para escoger con esperanza otras igualmente importantes formas de comprometerse con y participar en la construcción de una patria digna y equitativa para todos y todas.

Ahora más que nunca, llego a convencerme de que los políticos no son el problema. Los ciudadanos somos los que los escogemos. Ellos son un reflejo de su sociedad. Entonces, no hay que culpar a los políticos por tal o cual régimen, a no ser que hayan traicionado su plan de gobierno. Si la mujer no ha tenido un papel igual al del hombre durante toda la Historia, y no se quiere seguir en lo mismo, ¿por qué seguir exponiéndose a esos patronos que no disminuyen la brecha de la pobreza en la que las mujeres son las más afectadas? Mientras se siga con los mismos patronos de economía neoliberal, educación estancada por la tradicional preparación de los profesores, y salud privatizada, pierden la mayor parte de las mujeres y consecuentemente de los hombres también. Ya se construyó infraestructura nunca antes vista, ahora hay que hacer lo más difícil: invertir en ella con profesionales excelentes, lo que solo se alcanzará con un sistema de educación ceñido a las necesidades presentes y futuras. He ahí el papel fundamental para la mujer ecuatoriana al lado de sus colegas para servir igualmente capacitada y remunerada.

Todavía no nos hemos dado cuenta de que la situación precaria de la mujer depende de la educación a la que no ha podido acceder. Nos hemos defendido por todos medios posibles e imaginarios, con muy pocas opciones de lograr una igualdad equiparada a la del hombre, pero nos cortamos las alas a la hora de despuntar. A veces la mujer es enemiga de la mujer, otras veces le faltan las agallas para envalentonarse. ¡Cuánto daño nos ha hecho el patriarcado! No es el momento de recriminarlos, sino de ser responsables por nuestro propio futuro, enfrentando la realidad y saliendo de las limitantes estructuras políticas, sociales y económicas. Hay que escribir una Historia que no sea exclusiva del gran potencial que ofrece la mujer como ciudadana, empezando por la elección imperativa de votar contra el estancamiento, militando en su trabajo con “ciencia y con conciencia “, participando activa, determinada, feliz y libremente en la política y economía de su hogar y por ende, del país.

Por todo esto, ¡a votar por el candidato que nos represente, porque las mujeres somos más!

Ana María Pereira-Castillo
Articulista
Prensa República del Banano

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