#ArtículoBananero| ¡Apostemos por la esperanza! Por Luis A. Castillo

Todo ciudadano tiene la capacidad de discernir, de comparar y de contrastar, de dar razón de su entorno, o sea, de su fundamento físico y emocional. Tiene vasto conocimiento de sus propias experiencias, y aún de más de vastos anhelos. Sabe distinguir lo bueno de lo malo, siempre está deliberando, formando conciencia, manteniéndose alerta ante el diario llamado a ejercer su propia ética, y a responsabilizarse de sus propias decisiones. Es, además, sensible ante la belleza: se asombra, se proyecta, se ilusiona, se enamora, canta y baila. En diferentes matices de capacidades, todos experimentamos la vida, cuya brevedad nos interpela con guiños a auto superarnos, abriéndonos camino, venciendo la adversidad. Siendo así, no hay ser humano que sea descartable. Siendo así, cada cual vive en su infierno, o en su paraíso, con escombros o con primaveras.

El presente nos interpela. Tenemos que tomar decisiones políticas que abran el abanico de posibilidades. De aquí hacia adelante. O más bien, de aquí, desde nuestro fundamento. El pasado hay que recordarlo, para aprender de él y para no hacer lo mismo que nos ha llevado a nuestra crisis actual. Hay que dejar atrás la narrativa de hacernos creer que si no robas en el cargo público eres tonto; que si metes el pie al prójimo es sobrevivencia, que si no mientes, nada consigues, y que si otros mienten, pues, se los deja y se abdica sin rubor alguno. Y la narrativa termina decapitando la esperanza y entronizando la fatalidad: “esto no va a cambiar”, -dicen ya resignados- “no se puede hacer nada” -rematan con impotencia-. Esa ha sido nuestra historia, condenados a vernos de menos: mientras unos  países se desarrollan, nosotros nos estancamos. ¡Pongámoslas en el congelador!

Es hora de emprender un nuevo vuelo. Es hora de apostar por algo que ya dio resultado, esto es, con el inmensurable valor agregado de ser llevada por el cambio generacional, liderada por políticos jóvenes, con conocimiento teórico y aplicado, con visión y con compromiso con la patria. Compromiso desde el cual desvaneceremos las necesidades básicas insatisfechas. Dedicaremos los días para la construcción y la reflexión, para unir fuerzas y sumar y sumar, para con el tiempo, vivir para crear, para reinventarnos. La lógica, la razón y el corazón nos ha demostrado de que sí es posible construir, si es posible ampliar nuestro horizonte. Por nuestro bien colectivo, ¡hagámoslo!

Al grano. ¡ Sí es posible! Sí es posible entablar las condiciones habilitantes para que el buen empresario que abra mercado, abra fuentes de trabajo, engrane un proceso productivo con valor agregado, para que, al final dejemos de “exportar porotos para importar poroto enlatado”. Sí es posible que el empresario opere dentro del marco de la ley y pague sus debidos impuestos, respete la norma laboral, y crea y expanda un círculo virtuoso en donde todos nos beneficiemos. La Revolución Ciudadana no está en contra del empresario, siempre y cuando cumpla con sus responsabilidades. ¡Es imperativa la corresponsabilidad en derechos y obligaciones!

Hoy más que nunca, la historia lo exige. Al pan hay que distribuirlo; el techo tiene que dar amparo; la vestimenta, dignidad; el conocimiento, humildad; la voluntad, el bien común vestida de bien moral. ¿Acaso es imposible distribuir nuestra riqueza para que al final de cada día de trabajo productivo gocemos de salud, durmamos sin miedo, y despertemos los lunes, dinámicos, con esperanza y con anhelos? Ya somos tres millones. ¡Adelante, hay que sumar!

Luis Alfredo Castillo

Articulista

Prensa República Del Banano

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