#ArtículoBananero| Rafael Correa nos deja la esperanza ¡Hasta pronto! Por Luis A. Castillo

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Sabía de dónde venía. Había leído la historia ecuatoriana desde un ángulo más amplio y profundo en centros de estudio de renombre internacional, por allá, por Europa y EE.UU. Se graduó con todo merecimiento académico y regresó a su país. Puso sus pies en la tierra. De ahí, desde la acumulación de datos históricos, de cifras que desnudaban el desparpajo del abuso, de la explotación del modelo fallido neoliberal, vio que históricamente habíamos sido engañados por un grupo selecto con poderes omnímodos.

Trajo a nuestra conciencia las formas de cómo nos habían robado la patria, de cómo se había orquestado la “triste y larga noche neoliberal”. Trajo a los ojos de la ciudadanía el abandono premeditado del Estado. Revivió y empoderó a los estómagos que habían vivido con el hambre y la malnutrición. Destapó los oídos empapados de promesas que pronto se convertían en demagogia, y la ciudadanía empezó a despegar la neblina de incredulidad. La voz de Rafael Correa era una voz fresca, joven, que articulaba su argumento con contundencia, y la ciudadanía lo empezó a escuchar. Elocuentemente describía los problemas nacionales, y daba la concomitante creíble y posible solución. 

Al país lo encontró en estado agónico. Era un Estado de risa de perdedores, de burla, de quemeimportismo institucional, del sálvese quien pueda. Tenía la deshonra de ser país bananero que en diez años siete presidentes habían pasado por el Palacio de Carondelet, con notables fantasmas incluidos. Siete presidentes: unos más tránsfugas que otros, unos más mentirosos que otros, unos más traidores a la voluntad popular que otros. Era un país en donde la mayoría de la gente se había acostumbrado a la pobreza, a la resignación: los pobres eran pobres sin posibilidad alguna de salir de la pobreza estructural.

Contra esa realidad, sus enemigos de ayer y de hoy no han podido convencer, ni pintar una realidad creíble. Y es que Correa modeló y abanderó una nueva forma de hacer política. Fue de los primeros jóvenes que venían nutridos de la reverente sabiduría de que el funcionario público es, más que nada, obediente de la voluntad popular. Con su incansable trabajo de moverse por todo el territorio nacional, modeló ese comportamiento. El pueblo votó por el proyecto político de la Revolución Ciudadana, y cumplió con el mandato. Se le encargó que reduzca la pobreza general y extrema, y cumplió con el mandato. Se le delegó a que lidere un equipo de profesionales para transformar el país, y cumplió con el mandato. Se le depositó la confianza de que administre las condiciones para viabilizar mayor productividad, y la economía de 46 mil millones pasó a tener un valor total de 104 mil millones de dólares.

Hoy ni los ciegos pueden negar que el país cambió y que se vivía mejor. Qué hubo empleo y mejor remunerado, lo hubo; que la atención médica fue mejor, lo fue; que la infraestructura de lejos mejoró, mejoró. Que redujo la evasión de impuestos, la redujo. Que logró posicionar al país como el mejor que utilizó la “bonanza” para desarrollo social y económico, lo logró. Después de un terremoto, después de la baja de precios de las materias primas, de la devaluación de la moneda de países vecinos, salió por la puerta ancha y grande con una economía del 3 % y a la alza.

Su paso no solo fue de política. También le hacía la venia a la alegría. Escuchaba un acorde de guitarra y, ya sin control del “impulso”, se “atrevía” a cantar, y se sabía todas las letras. Era ligero de mente e inteligente hasta para el chiste. En el baile…se escuchaba, de sus amigos queridos, que afinara el paso con un poquito más de elegancia, porque cuando se dejaba ir, la elegancia del paso se quedaba muy atrás, y su oído y su sentir, ¡zas! se conectaba con el alma. Ahí, en ese momento, toda su existencia convergía en ese sentir que solo el alma puede bailar cuando le llega alguna nostalgia, algún recuerdo que lo identificaba como realmente es: hombre de sabor, de salsa, de cumbia, de Nueva Trova, de Pueblo Nuevo, de Alberto Cortez. 

Mejor, y para ser más preciso, eso del alma, todos pudimos verlo disfrutar de la comida del pueblo. Ahí en el mercado, ahí comía con tanta avidez y disfrute que después se convertía en embajador de las bondades de nuestra comida. Y hablaba de comida y el rosario de platos venía: que el ceviche manaba, que tú no has probado mi ceviche, que el caldo de manguera, el  hornado de … y el pueblo llano observaba y decía: “Cuando vemos que un presidente viene… a un mercado es porque está con el pueblo. Los otros solo llegan a la tarima, respaldados con cientos de guarda espaldas, para luego alzar el vuelo e irse enseguida… Él viene y se sienta a comer, con gente chira… da la mano… y se codea con la gente chira”. Y aún se escucha la gratitud: “eduqué a mis hijos, tengo casa, dio trabajo, nos organizó para emprender negocios, nos dio autoestima. Pero ahora, nuevamente tenemos que ver malas caras…, y como no tenemos palancas…”.

La estela que dejó tanto en dignidad como en obras reverbera entre los que genuinamente se sienten agradecidos por haber sido comprendidos y valorados. ¿Qué no ha hecho Rafael Correa Delgado para despertar a su pueblo del estancamiento, y defender a su patria aún después de haber salido por la puerta grande? Lo único que no podrá hacer, ni con su celular, es desinfectar los que se dejaron convencer por sus calumniadores opositores. Hasta esa franja, que se usufructuó con los logros de la Revolución Ciudadana, los que creen haber ascendido en la arena social, y que por miedo a ser rechazados y socialmente percibidos como “borregos”, sabe muy bien que ningún otro líder la benefició de esa forma.

Sin embargo, y a pesar de todo, ¿cómo logra aún endosar tanto voto? Un hombre con dignidad, con un teléfono celular y un “control remoto” les sigue ganando. El 11 de abril nos dejará la esperanza con Andrés Arauz. “Rafa”, guste o no, vive en nuestra conciencia. Si no creen, pregúntenle a la “coloradita”.

¡Hasta pronto!

¡Venceremos!

Luis Alfredo Castillo

Articulista

Prensa República Del Banano

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Ana María dice:

    Al César lo que es de César : “con ciencia y con conciencia” sacudió a los adormecidos y les deja esperanza. El mundo que lo admira lo busca y lo convoca como ejemplo a seguir. Es un ecuatoriano orgulloso de su gente, un académico respetado, un ser humano con alma y un profesor que forma íntegramente al futuro de su patria.

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