Bienes patrimoniales del Estado quedarían abandonados sino se deroga el decreto 1057

Marcelo Tapia, maquinista de trenes y secretario general del Comité de Empresas Único del Ecuador señala el hecho de que ‘‘de la noche a la mañana, extingan una empresa de ferrocarriles con historia y patrimonio cultural’’. En una entrevista a por medio de Pichincha Universal. 

El 20 de mayo, hace una noche, Lenín Moreno ordenó acabar con ocho necesarias empresas públicas, mediante ocho decretos, respectivamente.  

A la mañana del día siguiente en Chimbacalle, trabajadores, maquinistas y demás gentes se convocaron en un plantón en la estación del tren para quejarse, pedir se derogue el decreto 1057 y dar otras respuestas a la sutileza tomada por el primer mandatario. Pues ni el presidente de la república, ni funcionarios del ministerio y mucho menos el ministro de turismo; principal responsable de las comunicaciones fructíferas con empresas culturales, intentaron siquiera dialogar con antelación de lo que hoy significa dudas y zozobra. Como la que se hace Marcelo Tapia, «¿Qué pasará con estos bienes intocables?!»  

El tren ecuatoriano nace firmemente como un sueño hace 149 años, dentro del proyecto de modernización religiosa del ex tirano García Moreno, pero lo vemos atravesando montañas y ciudades con el revolucionario Eloy Alfaro. En el año 2008, pese a que sus líneas fueron abandonadas, vuelve a funcionar tras cincuenta años abandonada. Alcanza todos los honores que un proyecto creado por el pueblo y para el beneficio del pueblo pueda tener: monumento civil, patrimonio histórico testimonial, patrimonio cultural y símbolo de identidad nacional. 

En un bello intento patriótico ha buscado unir los diferentes tipos de poblaciones cruzando montañas y ciudades. De esta empresa ‘‘322 familias viven por empleo formal y más de dos mil viven de emprendimientos’’ a lo largo de las líneas ferroviarias, comenta Tapia, sino se deroga el decreto 1057. 

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